jueves, 3 de noviembre de 2016

Producción de lo común más allá del Estado



Gutiérrez Aguilar, Raquel, Horizonte comunitario-popular. Antagonismo y producción de lo común en América Latina, Cochabamba, SOCEE, Autodeterminación, 2015.



El nuevo libro de Raquel Gutiérrez Aguilar nos aporta una necesaria reflexión acerca de la construcción y producción de lo común en la actual América Latina que debe ser planteado más allá del mundo indígena y más allá del Estado como centro articulador. La comunidad y la reproducción de la vida en común no pueden ser exclusivas de algunos pueblos, culturas o geografías, sino que son una calidad y capacidad humana, perfectamente generalizable. Esta mirada nos ayuda a evitar la etnicización esencialista de las luchas sociales.

Igual destacamos la crítica que le hace la autora al concepto del movimiento social que, como considera, terminó siendo demasiado cerrado, al expulsar la lucha como clave para la intelección del asunto social. En realidad se trataría de movilizaciones sociales caóticas y enérgicas, “sociedades en movimiento” (Zibechi), que impugnan, desbordan y desafían el aparato institucional de la democracia liberal.

Lo que nos interesa es ver su “capacidad colectiva de intervenir en asuntos públicos”, de disputarle al Estado el monopolio decisivo y de gestión de lo común. La autora se concentra sobre todo en las luchas de horizonte popular comunitario, al contrastarlas con los movimientos del horizonte nacional-popular (crítica a los gobiernos “progresistas”), y nos invita a abandonar la perspectiva estadocéntrica tanto en nuestros análisis desde la academia, como en nuestros proyectos políticos. Igual, deberíamos analizar estos sujetos colectivos movilizados desde la lucha que emprenden, puesto que es la lucha que los define y no al revés. Otro elemento clave es estudiar los asuntos sociales desde sus contradicciones y desde la inestabilidad, puesto que la sociedad es un “mosaico dinámico de antagonismos superpuestos” (p. 18).

Gutiérrez llama “entramado comunitario” a “una heterogénea multiplicidad de mundos de la vida que pueblan y generan el mundo bajo pautas diversas de respeto, colaboración, dignidad y reciprocidad no exentas de tensión y acosadas sistemáticamente por el capital” (p. 29). Lo comunitario, con todas sus contradicciones, es un proyecto más allá del Estado y más allá del capital, dedicado a la “reapropiación colectiva de la riqueza material disponible y la posibilidad de decisión sobre ella, su gestión y su usufructo” (p. 32), y la “desmonopolización del derecho a decidir”.

La otra forma de hacer política se llevaría en clave de un “nosotras”, donde la política en lo femenino se entendería como la producción y la reproducción de la vida colectiva en sus aspectos más concretos y prácticos. Es una política asamblearia, horizontal, participativa, redistributiva y conservadora de la riqueza material común.  Se dedica a satisfacer las necesidades vitales de la comunidad y a construir una autonomía social.

Elaboró: Gaya Makaran

lunes, 31 de octubre de 2016

Las economías populares barrocas y lo común el el contexto urbano



             Gago, Verónica, La razón neoliberal. Economías barrocas y pragmática popular, Madrid, Traficantes de sueños, 2015.

 

Desde el auge económico que despliegan las periferias urbanas y sectores populares de América Latina, la obra presenta un entramado conceptual muy sugerente para problematizar la racionalidad popular que subyace en el neoliberalismo del siglo XXI. Alejándose de la tesis victimista, que resalta la pasividad de los sectores subalternos ante las políticas neoliberales (desde arriba), Gago detalla la peculiar forma en como los sectores populares se apropian de la racionalidad neoliberal desde los intersticios de la economía formal.    

De la mano del concepto de gubernamentalidad de Michael Foucault, esto es “la innovación radical del neoliberalismo que consiste en gestión del impulso de las libertades de la sociedad como forma de gobierno” (Gago, 2015, p.22) la autora va acuñando el termino de “Neoliberalismo desde abajo” que en su definición la presenta como “Un conjunto de condiciones sobre las que opera una red de prácticas y saberes que asumen el cálculo como matriz subjetiva primordial y que funciona como motor de una poderosa economía popular que mixtura saberes comunitarios autogestivos e intimidad con el saber-hacer en la crisis como tecnología de una autoempresarialidad de masas” (Ibíd., p. 25). De esta manera nos muestra las infinitas posibilidades de agencia de los sujetos que protagonizan la informalidad y la ocupación de asentamientos irregulares. Es así como se presenta la “Razón Neoliberal” de los sectores populares.

Acompañada de la veta conceptual de la modernidad barroca de Bolívar Echeverría, Gago evidencia el carácter profundamente ambivalente de las economías populares latinoamericanas, ya que si bien se basan de la explotación y el autoemprendimiento, logran permearse de la larga historia de prácticas comunitarias, indígenas y populares de resistencia. Dicha imbricación la define como “Economía Barroca”.

Desde la idea de conatus de Spinoza, esto es, la pulsión de vida que todo ser humano despliega en cualquier condición de sobrevivencia, la autora nos muestra los desafíos múltiples y contradictorios que enfrentan los sectores subalternos al desplegar una “Pragmática Popular” que se traduce en una incesante negociación y apropiación de la racionalidad neoliberal al “tratar de desplegarla a sus proyectos estratégicos, sin resignarse a ocupar pasivamente la posición de víctimas” (ibíd., p. 26).
El libro nos muestra la importancia de analizar la reproducción de la vida cotidiana de los sectores subalternos a partir de la categoría de “Ensamblaje Popular”, un esfuerzo conceptual por entender en conjunto el hábitat popular de los pobres.

El taller, la feria, la villa y la fiesta se presentan como los principales espacios de reproducción de la vida cotidiana. Nos presenta la feria se presenta como el eje articulador de los distintas mercancías informales, sin las cuales resulta inimaginable el consumo popular de la mayoría empobrecida de la ciudad.  El taller textil clandestino como lugar de producción de las mercancías informales cuenta con la innovación popular de aprovechar los recursos comunitarios de la villa para conseguir precios competitivos. La villa como lugar de acogida y renovación de la población migrante y subalterna. La fiesta como economía del frenesí, es el lugar donde se legitima y se negocian las relaciones entre los últimos tres espacios.

En este punto, Gago arroja algunas provocaciones sobre las perspectivas estigmatizantes que predominan sobre el comercio informal, los talleres y los asentamientos irregulares. Propone mirar lo informal como una fuente instituyente y creativa de la realidad, cuestionando la legitimidad de lo original frente a la copia por el simple hecho de que ambas se producen en los mismos “talleres clandestinos”.

A su vez, resalta una diferencia sustancial entre la economía formal e informal y tiene que ver con las formas de acumulación de capital. Retomando la propuesta de “acumulación fractal de capital” de Raquel Gutiérrez Aguilar, la autora resalta la forma reticular de bienestar que persiste en los núcleos informales, frente a la canónica acumulación vertical e infinita de la economía formal.

El terreno que explora esta investigación es muy fecundo para problematizar la capacidad de agenciamiento y subjetivación política de los sectores populares en las periferias urbanas en tanto que las fronteras entre lo urbano y lo rural –y los sujetos que tradicionalmente les adjudicamos- son difusas en la época de posneoliberal.


Autor: Héctor Parra García, 
membro del Proyecto PAPIIT IA 300315