martes, 25 de agosto de 2015

El desplazamiento forzado del pueblo nukak wayari muno: un caso de etnocidio




“son una plaga, una peste, un ejército de mendigos…”
- Tomás, habitante de San José del Guaviare.

A unas diez horas de Bogotá en autobús más allá de los llanos, los extensos monocultivos de palma africana y un par de retenes del ejército se encuentra San José del Guaviare, una pequeña ciudad al sureste de Colombia, a las orillas del río Guaviare, uno de los afluentes más caudalosos de la Amazonía colombiana. 

Se sabe que la ocupación de este territorio mejor conocido como “la Puerta de la Amazonía” estuvo fuertemente marcada por los periodos de las grandes bonanzas a lo largo del siglo XX, como fue la del caucho, las pieles, el pescado y -desde finales de la década de los setenta- la coca. El auge de las mismas, ha traído consigo consecuencias devastadoras tanto para el territorio como para las poblaciones que originariamente han habitado esta región, quienes hasta la fecha son reclutados por grupos armados, sometidos a trabajar como raspadores de coca o bien forzados a desplazarse. 

Hoy, a pocos kilómetros de San José se encuentra Agua Bonita, uno de los asentamientos de desplazados del pueblo nukak, del grupo territorial wayari muno (gente del río Guaviare). Familias que fueron expulsadas de sus territorios, donde hasta hace apenas unas décadas vivían de la recolección de semillas y frutos, la caza y la pesca y cuya movilidad espacial era tan vasta como la selva misma.[1]
 
Hoy cerca de 150 nukak viven confinados en esta finca, propiedad de la alcaldía a la espera de poder retornar a su territorio donde dicen hay harta guerrilla. Aquí conocí a Wembe, médico del asentamiento, quien recuerda lúcidamente aquellos días en Laguna Pavón desde donde fueron expulsados, del desplazamiento -cuando varios líderes y mayores murieron- y el recorrido hasta Agua Bonita hace ya casi cinco años.

La subsistencia de los wayarimuno depende en gran medida del asistencialismo que el gobierno colombiano les brinda, desde una despensa mensual – que apenas dura unos días-hasta un machete. Es indignante el abandono en que se encuentran si lo contrastamos con la cantidad de fondos que se están recolectanto en su nombre por diversas ONG's. Para recolectar, cazar o pescar deben pagarle algo de plata a los colonos, ahora dueños de estas tierras dedicadas en su mayoría a la ganadería. 

Pese al despojo territorial que han vivido, la lengua es quizás el elemento cultural más fuerte entre los nukak wayarimuno, aunque es preciso mencionar que quienes hablan mejor el español – en su mayoría jóvenes- han asumido el papel de líderes o representantes frente a las instituciones. 

Familia nukak wayari muno desplazada
Otros grupos territoriales nukak , como los meo muno (“gente de la coronilla”), mipa muno (gente del río Inírida) o mujabe muno (gente de la laguna)  viven en otros asentamientos que actualmente se encuentran bajo control territorial de la guerrilla. Me dice Alejandra nukak meo muno, del asentamiento Barrancón Colorado - quien se encontraba en San José para una cita médica- que allá la guerrilla no nos molesta, es decir no han sido desplazados de su territorio. 

Por ahora, el retorno para los nukak wayari muno pareciera sólo un imaginario. La respuesta del gobierno se ha limitado a asistirlos, mientras tanto algunos turistas que llegan a San José aprovechan para visitar y tomarse una foto “con los últimos nómadas contactados”.

Autora: Adriana Sosa Solís


[1] Hacia finales de la década de los sesenta se tiene conocimiento de este grupo por una matanza, llevada a cabo por colonos. Durante las siguientes décadas comienzan a desplazarse hacia los centros urbanos más cercanos como San José, Calamar o El Retorno. Fueron contactados por el gobierno colombiano en 1988 tras la llegada de un grupo enfermo de gripe a Calamar. El gobierno reconoció su territorio a través de la creación del Resguardo Nukak en 1993 y ampliado en 1997, cuya extensión es casi una tercera parte del departamento del Guaviare pero en razón del conflicto armado, el Plan Especial de Salvaguarda de Urgencia Nukak calcula que el 90% de los nukak viven fuera de este.