miércoles, 11 de mayo de 2016

Rescatando a Fanon de la crítica decolonial Parte II



 Para nuestra discusión sobre la corriente decolonial elegimos como lectura:

Pierre Gaussens, “Colonialidad y eurocentrismo: la crítica de una crítica”, en P. Gaussens, El giro a la izquierda contra los pueblos en América Latina. El caso ecuatoriano (2007-2013), Tesis para optar por el grado de Doctor en Ciencias Políticas y Sociales, UNAM, México, 2016, pp. 66-76.

El autor nos propone los siguientes puntos, según los cuales podemos ordenar nuestra crítica de las teorías decoloniales:

Determinismo geográfico: el lugar de procedencia determina la validez o invalidez de una obra o un pensamiento.

Eurocentrismo anti-eurocéntrico: se postula la existencia de un todo llamado “Europa” que quiere imponer a los demás continentes su visión, precisamente eurocéntrica, ante lo cual se propone crear un pensamiento nuevo con un lenguaje nuevo (una ruptura epistemológica y ontológica). En esta crítica, al mismo tiempo, los decoloniales no dejan de tener como referencia al pensamiento europeo, se desviven por lograr el reconocimiento de “Europa”, se obsesionan por encontrar equivalencias de Grecia Y Roma latinoamericanos y por demostrarle a Europa la superioridad del Sur.

Provincianismo latinoamericano: América Latina es el centro, allá nace la modernidad, allá nacen las alternativas, el pensamiento crítico, América Latina salvará el futuro de la humanidad.

Posmodernismo anti-posmoderno: la teoría posmoderna es su mayor referencia. Culturalistas, esencialistas, particularistas, al rechazar la modernidad “eurocéntrica” rechazan toda la historia previa de luchas y del pensamiento emancipatorio. Radicalismo gratuito. 

Neolengua posmoderna: necesidad de crear un lenguaje nuevo y alternativo, lleva a una sobreposición de la forma sobre el contenido, al mismo tiempo que anula el pensamiento crítico y antisistémico anterior. 

Choque civilizatorio: el esencialismo cultural y geográfico, recuperación de la raza por encima de la clase, se indica, igual que Huntington, en la existencia de grandes bloques civilizatorios en conflicto.

Maniqueísmo: el mundo está dividido en buenos (Latinoamericanos, indígenas, Tercer mundo) y malos (Occidente, Europa, EEUU), no existen las contradicciones de clase al interior de estos grupos. 

Antimarxismo: rechazamos a Marx por blanco, europeo, racista, sexista, heterosexual. Es necesaria su superación decolonial.

Giro a la izquierda: apoyo incondicional a los gobiernos de “giro a la izquierda” o “progresistas” en América Latina. Son los think tanks del “progresismo”. Asimismo son el “caballo de Troya” de lo sistémico y del capitalismo multiculturalista.

          Usurpación ventrílocua (el autor no usa exactamente estas palabras): hablar en nombre de los  pobres e indígenas, desde unas miradas idealizadas, paternalistas, filantrópicas, propias de la clase a la que se pertenece. Lucrar con las luchas subalternas. Hablar de un nosotrismo cuando se apuesta claramente por un individualismo egocéntrico y una autopromoción desmesurada.

Frente a eso, el autor asevera:

“Si bien es cierto que el estudio de las prácticas culturales presenta una indudable importancia para entender el escenario colonial, así como la imposibilidad para el colonizado de expresarse en términos propios, esta importancia no debe justificar el encierro en una visión meramente culturalista, como en la que caen los decoloniales a pesar de sus propias advertencias, por ser una visión que oscurece la materialidad de las relaciones de dominación que hacen posible la preproducción de las prácticas racistas.” (pp. 73-74)

Y, retomando a Wallerstein: “Cabe retomar los estudios culturales en términos clasistas. En efecto, querer explicar el racismo como discriminación meramente cultural, provoca una ceguera que niega los procesos profundos y generadores de racismo, que son propios de la economía-mundo capitalista, y están relacionados con la proletarización relativa de la fuerza de trabajo, la división del trabajo y la valoración social de esta división.” (p. 75)

Discusión en el seminario, resumen:

Anticolonialismo de Fanon
Teoría decolonial
Rigor académico, recupera a todo el pensamiento  que considera importante para sus reflexiones, sin importancia de su procedencia geográfica ni “racial”.
Falta de rigor maquillada bajo un “nuevo lenguaje” y la proliferación de categorías. Rechazo a las teorías por el presunto “eurocentrismo” de sus autores.
Dudar y cuestionarse a sí mismo.
No hay dudas, somos los únicos que han descubierto la Verdad.
Marxista, preocupado por los valores universales del ser humano, luchando contra la explotación, sumisión, deshumanización capitalista.
Antimarxistas. Las categorías de clase, capitalismo, burguesías, imperialismo etc. sustituidas por categorías raciales y esencialistas.
Anti-esencialista. Enemigo del racismo  al revés. Propone salirse del círculo vicioso de lo blanco-negro, de mirarse a través y en referencia al colonizador.
Esencialistas. Exaltan al “colonizado” en contra del colonizador, pero siempre tomándo a este último como referencia.
El racismo es estructural, es capitalista, es socioeconómico.
El racismo es cultural y propio de los europeos.
Primero la lucha contra las condiciones estructurales del colonialismo. El pensamiento, la historia, la cultura son posteriores y solos no pueden  liberar al colonizado.
Decolonizar el saber. La liberación del colonizado se lleva a cabo a través de la decolonización de su cultura y su pensamiento.
Lucha anticolonial real, violencia, revolución.
Lucha epistemológica, pacifismo y reformismo.
Antisistémico
Sistémico

Rescatando a Fanon de la crítica decolonial Parte I



Frantz Fanon, Piel negra, máscaras blancas, Madrid, Akal, 2009.

El objetivo de la sesión ha sido analizar el texto de Frantz Fanon Piel negra, máscaras blancas (1952) en cuanto a los temas como el racismo, el colonialismo y la negritud, y recuperar su pensamiento de la usurpación decolonial. Con este objetivo se ha discutido la propuesta y la conducta de la corriente decolonial representada, entre otros, por E. Dussel, W. Mignolo, R. Grosfoguel, A. Quijano, S. Castro-Gómez.

Decidimos retomar el primer libro de Fanon, menos conocido que su obra maestra Los condenados de la tierra (1961) de una vocación marxista y anticolonialista evidente, puesto que  se ha convertido en el texto fenoniano canónico para la corriente decolonial.

El libro nos brinda la experiencia de “hombre negro en el mundo de los blancos”, es decir: de un martinicano en la sociedad colonial francesa, igual que un análisis, propio de un Fanon psiquiatra, de las patologías psicológicas de los sujetos negros colonizados con ambición de trascender una psicología individualista y abarcar su dimensión social (sociodiagnóstico): “la verdadera desalienación del negro implica una toma de conciencia abrupta de las realidades económicas y sociales”. 

Intención del libro:
Analizar y curar la alienación del negro, es decir: desalienarlo. 
“Pretendemos nada menos que liberar al hombre de color de sí mismo” (p. 42)
Ayudarle al negro a liberarse del “arsenal complexual que ha germinado en el seno de la situación colonial”. (p. 57)
Probar que lo que se llama el alma/identidad negra es una construcción del y frente al blanco.
Hacer posible un sano encuentro entre el negro y el blanco. ¿Puede el blanco comportarse sano frente al negro y al revés?

Relación blanco-negro:
“El blanco está preso en su blancura. El negro en su negrura. […] Es un hecho: los blancos se considera superiores a los negros. Es también un hecho: los negros quieren demostrar a los blancos, cueste lo que cueste, la riqueza de sus pensamientos, la potencia igual de su mente. ¿Cómo salir de ahí?” (p. 44)
Tanto el negro es esclavo de su inferioridad, como el blanco de su superioridad, los dos se comportan de manera neurótica.
“De ninguna forma mi color debe ser sentido como una tara. A partir del momento en el que el negro acepta la división impuesta por el europeo, no conoce ya tregua y ‘así, ¿no es comprensible que trate de elevarse hasta el blanco? ¿Elevarse en una gama de colores a los que asigna una especie de jerarquía?' (Claude Nordey, L’homme de couleur, 1939) Nosotros veremos que otra solución es posible. Ésta implica una reestructuración del mundo”. (p. 91)
El blanco teje al negro con miles de anécdotas, relatos, detales, lo estigmatiza, lo encierra en su color de epidermis. El negro martinicano descubre su negrura y su cuerpo en contacto con el blanco, reelabora su esquema corporal. “Estoy sobredeterminado desde el exterior. No se me da ninguna oportunidad. No soy el esclavo de la idea que otros tienen de mí, sino de mi apariencia” (p. 115)
“Cuando se me quiere se me dice que es a pesar del color. Cuando se me odia, se añade que no es por mi color… Aquí o allí soy prisionero de un círculo infernal” (p. 116)

Complejo de inferioridad del negro:
El negro quiere ser frente al blanco.
El complejo de inferioridad en el colonizado se produce tras un proceso principalmente económico y en segundo lugar por “epidermización de esta inferioridad después.”
Un sentimiento de inferioridad en los negros que intentan ser blancos a través de su ropa europea, su acento, marcas exteriores de la civilización europea, etc.
Sentimiento de inexistencia del negro, de culpabilidad, de miseria, de que estos blancos no pueden equivocarse cuando me dicen todas estas cosas. El negro tiene miedo de sí mismo, a que todo lo que dicen sea verdad.
Fanon observa la permanente preocupación por llamar la atención del blanco, por ser poderoso como él.
“Si él se encuentra hasta este punto sumergido en el deseo de ser blanco es porque vive en una sociedad que hace posible su complejo de inferioridad, en una sociedad que extrae su consistencia del mantenimiento de ese complejo en una sociedad que afirma la superioridad de una raza; en la exacta medida en la que sociedad le plantea dificultades, él se encuentra colocado en una situación neurótica.” (p. 103)
Hay que actuar en el sentido de cambio de estructuras sociales que son la verdadera fuente del complejo de inferioridad. El negro para superarlo tiene que ponerse activo ante ellas.

Colonialismo y racismo:
“¿De verdad hay una diferencia entre un racismo y otro? ¿No vemos en ello la misma caída, la misma debilidad del hombre?” (p. 95)
Sobre el racismo de las clases populares blancas: “la agresividad del proletariado blanco sobre el proletariado negro es una consecuencia de la estructura económica de Sudáfrica. […] Si los blancos pobres odian a los negros no es, como diría Mannoni, porque el racismo es obra de pequeños comerciantes y pequeños colonos que se han afanado mucho sin gran éxito. No. Es porque la estructura de Sudáfrica es una estructura racista”. (p. 95)
Se solidariza con todos los hermanos discriminados, negros, judíos, etc. “Cada uno de mis actos implica al hombre” (p. 96)
Cita a Aimé Cesaire cuando éste afirma que “Al final del capitalismo, deseoso de perpetuarse, está Hitler” (Discurso sobre el colonialismo) Todos los que participan en la empresa colonial son responsables de ella. Todos los que la legitiman con su pensamiento o su pasividad son responsables de ella.
El racista crea al inferiorizado, es el blanco que hace al negro. El negro no lo es hasta que el blanco no lo llame y no lo define como tal.
Las potencias coloniales usan el racismo para contraponer a los pueblos de color, usan a los negros contra los árabes, etc.
“El apartheid pretende prohibirle al negro que participe en la historia moderna en tanto fuerza independiente y libre” (p. 159)

Racismo al revés, esencialismo, negritud
"Cuando ya no hay un ‘mínimo humano’ no hay cultura. Me importa poco saber que el mantu es Fuerza entre los bantúes o, al menos, podría haberme interesado, si no fuera por determinados detalles que me molestan. ¿Qué significan estas meditaciones sobre la ontología bantú cuando se lee en otra parte: ‘Cuando 75.000 mineros negros se pusieron en huelga en 1946, la policía nacional los obligó con disparos y bayonetas a retomar el trabajo. Hubo veinticinco muertos y miles de heridos’ (Skine Apartheid en Afrique du Sud).’ (p. 159) ¡Atención! No se trata de recuperar el Ser en el pensamiento bantú, cuando la existencia de los bantúes se sitúa sobre el plano del no ser, de lo imponderable”. (p. 160)
Hay que apuntar a lo universal, pero al negro se lo esencializa. Una verdadera cultura negra no puede nacer en las condiciones actuales. Hablaremos del genio negro cuando este hombre haya recuperado su verdadero lugar.
 “Para nosotros el que adora a los negros está tan enfermo como el que los abomina. A la inversa, el negro que quiere blanquear su raza es tan desgraciado como el que predica el odio al blanco. En lo absoluto, el negro no es más amable que el checo y en verdad se trata de dejar suelto al hombre” (p. 42)
“…yo digo que la filosofía nunca ha salvado a nadie. Cuando otro se empeña en probarme que lo negros son tan inteligentes como los blancos me digo: la inteligencia tampoco ha salvado nunca a nadie, y esto es cierto, porque, aunque en nombre de la inteligencia y de la filosofía se proclame la igualdad entre los hombres, también en su nombre se decide su exterminación.” (p. 56)
“Yo soy blanco, es decir, yo poseo la belleza y la virtud… Yo soy el color del día. Yo soy negro, yo experimento una fusión total con el mundo, una comprensión  simpática con la tierra, una pérdida de mi yo en el corazón del cosmos, y el blanco, por muy inteligente que sea, no sabría a comprender a Louis Amstrong y los cantos del Congo… Yo soy verdaderamente una gota del sol sobre la tierra. Y se enzarzan en un cuerpo a cuerpo, con su negrura o su blancura, en pleno drama narcisista, encerrado cada uno en su particularidad…” (p. 67)
Fanon critica el discurso de la negritud: “Y he aquí el negro rehabilitado, de pie al timón, gobernando el mundo con su intuición, el negro recuperado, recompuesto, reivindicado, asumido, y es un negro, no, no un negro sino el negro, que alerta las antenas fecundas del mundo, plantado en el proscenio del mundo, salpicando el mundo con su potencia poética poroso a todos los alientos del mundo. ¡Yo desposo el mundo! ¡Yo soy el mundo!  El blanco nunca ha comprendido esta sustitución mágica. El blanco quiere el mundo; lo quiere para él solo. Se descubre el amo predestinado de este mundo. Lo somete. Establece entre el mundo y él una relación apropiativa. Pero existen valores que sólo van con mi salsa. Cual mago, robo al blanco un determinado mundo, perdido para él y los suyos. Ese día, el blanco tuvo que notar un golpe de vuelta que no pudo identificar, de tan poco acostumbrado como está a esas reacciones.” (p. 123)
Fanon cita a Sartre, al ubicar la lucha negra dentro de la lucha proletaria, donde el blanco simboliza el capital, el negro el trabajo. En este sentido la negritud sería una etapa, pero no un fin, sería un pasaje, no culminación.

Propuestas:
“Hay que sobrevolar este drama absurdo que los otros han montado a mi alrededor, descartar los dos términos que son parejamente inaceptables, y  a través de un particular humano, tender hacia lo universal.” (p. 167)
Lo único que pide el negro que los explotadores le dejen la posibilidad de vivir humanamente. El problema del negro se resuelve en “los negros explotados, esclavizados, despreciados por una sociedad capitalista, colonialista accidentalmente blanca”. (p. 170)
La importancia de la lucha y del sacrificio por su libertad, sin los cuales uno no se libera realmente. Francia dio la libertad a sus esclavos, no tuvieron que luchas como los negros estadounidenses, por eso no consiguen una consciencia de sí independiente. Lo toma de Hegel.
 “El hombre es un sí. Sí a la vida. Sí al amor. Sí a la generosidad. Pero el hombre es también un no. No al desprecio del hombre. No a la indignidad del hombre. A la explotación del hombre. Al asesinato de lo que hay más humano en el hombre: la libertad.” (p. 183)
“Conducir al hombre a ser accional, a mantener en su circularidad el respeto de los valores fundamentales que hacen un mundo humano, ésa es la primera urgencia de aquél que, tras haber reflexionado, se dispone de actuar.” (p. 183)

Conclusiones
La única solución para el negro explotado es la lucha. Una lucha que surge de la misma necesidad de existencia, sin ser conscientemente marxista, en contra de la pobreza y del hambre.
Para los explotados no es importante descubrir su pasado negro. Ellos saben que son negros.
Habla de la alienación cultural propia de una sociedad burguesa, que es conservadora, estancada, es la muerte, el que luche contra ella es un revolucionario.
No se trata de tomar partido en defensa de lo negro contra lo blanco, sino superar esta división  que no beneficia a nadie.
Todo el pasado del mundo, dice Fanon, es mío en cuanto ser humano.  “Cada vez que un hombre ha conseguido que triunfe la dignidad del espíritu, cada vez que un hombre ha dicho no ante un intento de sometimiento de su semejante, me he sentido solidario de su acción” – su universalismo.
No nos rebelamos por descubrir una cultura propia o un pasado glorioso, sino porque nos es ya imposible respirar.
“No es el mundo negro el que me dicta la conducta. Mi piel negra no es depositaria de valores específicos” (p. 188)
No tengo derecho a investigar lo que hace superior mi raza sobre la otra, no tengo que vivir para vengar a los negros del siglo XVI, no tengo que preocuparme por pisotear el orgullo de mi antiguo amo, no tengo que exigir la reparación por mis ancestros domesticados, no hay misión negra, no hay carga blanca, no tengo el derecho a gritar el odio hacia el blanco, mi único derecho es exigirle al blanco un comportamiento humano, no renegar de mi libertad. No soy prisionero de la historia, no debo buscar allá el sentido de mi destino. En los dos lados hay gente que busca.
“Soy negro y toneladas de cadenas, tormentas de golpes, ríos de escupitajos fluyen sobre mis hombros. Pero no tengo derecho a dejarme anclar. No soy esclavo de la esclavitud que deshumanizó a mis padres.”(p. 189)
“Estamos convencidos de que sería de gran interés entrar en contacto con la literatura o una arquitectura negras del siglo III antes del Jesucristo. Estaríamos muy contentos de saber que existe una correspondencia entre tal filósofo negro y Platón. Pero no vemos en absoluto en qué podría cambiar ese hecho la situación de los niños de ocho años que trabajan en las plantaciones de caña de Martinica o Guadalupe.” (p. 189)
“La desgracia y la inhumanidad del blanco son el haber matado al hombre en algún lugar. […] yo, hombre de color, sólo quiero una cosa: Que nunca el instrumento domine al hombre. Que cese siempre el sometimiento de hombre por el hombre. Es decir, de mí por otro. Que se me permita descubrir y querer al hombre, allá donde se encuentre. El negro no es. No más que el blanco”. (p. 190)

Elaboración: Gaya Makaran