Frantz Fanon, Piel negra,
máscaras blancas, Madrid, Akal, 2009.
El objetivo de la sesión ha sido analizar
el texto de Frantz Fanon Piel negra,
máscaras blancas (1952) en cuanto a los temas como el racismo, el
colonialismo y la negritud, y recuperar su pensamiento de la usurpación
decolonial. Con este objetivo se ha discutido la propuesta y la conducta de la
corriente decolonial representada, entre otros, por E. Dussel, W. Mignolo, R. Grosfoguel,
A. Quijano, S. Castro-Gómez.
Decidimos retomar el primer libro
de Fanon, menos conocido que su obra maestra Los condenados de la tierra (1961) de una vocación marxista y
anticolonialista evidente, puesto que se ha convertido en el texto fenoniano canónico para la corriente decolonial.
El libro nos brinda la
experiencia de “hombre negro en el mundo de los blancos”, es decir: de un
martinicano en la sociedad colonial francesa, igual que un análisis, propio de
un Fanon psiquiatra, de las patologías psicológicas de los sujetos negros colonizados
con ambición de trascender una psicología individualista y abarcar su dimensión
social (sociodiagnóstico): “la verdadera desalienación del negro implica una
toma de conciencia abrupta de las realidades económicas y sociales”.
Intención del libro:
Analizar y curar la alienación
del negro, es decir: desalienarlo.
“Pretendemos nada menos que
liberar al hombre de color de sí mismo” (p. 42)
Ayudarle al negro a liberarse del
“arsenal complexual que ha germinado en el seno de la situación colonial”. (p.
57)
Probar que lo que se llama el
alma/identidad negra es una construcción del y frente al blanco.
Hacer posible un sano encuentro
entre el negro y el blanco. ¿Puede el blanco comportarse sano frente al negro y
al revés?
Relación blanco-negro:
“El blanco está preso en su
blancura. El negro en su negrura. […] Es un hecho: los blancos se considera
superiores a los negros. Es también un hecho: los negros quieren demostrar a
los blancos, cueste lo que cueste, la riqueza de sus pensamientos, la potencia
igual de su mente. ¿Cómo salir de ahí?” (p. 44)
Tanto el negro es esclavo de su
inferioridad, como el blanco de su superioridad, los dos se comportan de manera
neurótica.
“De ninguna forma mi color debe
ser sentido como una tara. A partir del momento en el que el negro acepta la
división impuesta por el europeo, no conoce ya tregua y ‘así, ¿no es
comprensible que trate de elevarse hasta el blanco? ¿Elevarse en una gama de
colores a los que asigna una especie de jerarquía?' (Claude Nordey, L’homme de couleur, 1939) Nosotros
veremos que otra solución es posible. Ésta implica una reestructuración del
mundo”. (p. 91)
El blanco teje al negro con miles
de anécdotas, relatos, detales, lo estigmatiza, lo encierra en su color de
epidermis. El negro martinicano descubre su negrura y su cuerpo en contacto con
el blanco, reelabora su esquema corporal. “Estoy sobredeterminado desde el
exterior. No se me da ninguna oportunidad. No soy el esclavo de la idea que
otros tienen de mí, sino de mi apariencia” (p. 115)
“Cuando se me quiere se me dice
que es a pesar del color. Cuando se me odia, se añade que no es por mi color…
Aquí o allí soy prisionero de un círculo infernal” (p. 116)
Complejo de inferioridad del negro:
El negro quiere ser frente al
blanco.
El complejo de inferioridad en el
colonizado se produce tras un proceso principalmente económico y en segundo
lugar por “epidermización de esta inferioridad después.”
Un sentimiento de inferioridad en
los negros que intentan ser blancos a través de su ropa europea, su acento,
marcas exteriores de la civilización europea, etc.
Sentimiento de inexistencia del
negro, de culpabilidad, de miseria, de que estos blancos no pueden equivocarse
cuando me dicen todas estas cosas. El negro tiene miedo de sí mismo, a que todo
lo que dicen sea verdad.
Fanon observa la permanente
preocupación por llamar la atención del blanco, por ser poderoso como él.
“Si él se encuentra hasta este
punto sumergido en el deseo de ser blanco es porque vive en una sociedad que
hace posible su complejo de inferioridad, en una sociedad que extrae su
consistencia del mantenimiento de ese complejo en una sociedad que afirma la
superioridad de una raza; en la exacta medida en la que sociedad le plantea
dificultades, él se encuentra colocado en una situación neurótica.” (p. 103)
Hay que actuar en el sentido de
cambio de estructuras sociales que son la verdadera fuente del complejo de
inferioridad. El negro para superarlo tiene que ponerse activo ante ellas.
Colonialismo y racismo:
“¿De verdad hay una diferencia
entre un racismo y otro? ¿No vemos en ello la misma caída, la misma debilidad
del hombre?” (p. 95)
Sobre el racismo de las clases
populares blancas: “la agresividad del proletariado blanco sobre el
proletariado negro es una consecuencia de la estructura económica de Sudáfrica.
[…] Si los blancos pobres odian a los negros no es, como diría Mannoni, porque
el racismo es obra de pequeños comerciantes y pequeños colonos que se han
afanado mucho sin gran éxito. No. Es porque la estructura de Sudáfrica es una
estructura racista”. (p. 95)
Se solidariza con todos los
hermanos discriminados, negros, judíos, etc. “Cada uno de mis actos implica al
hombre” (p. 96)
Cita a Aimé Cesaire cuando éste
afirma que “Al final del capitalismo, deseoso de perpetuarse, está Hitler” (Discurso
sobre el colonialismo) Todos los que participan en la empresa colonial son responsables
de ella. Todos los que la legitiman con su pensamiento o su pasividad son
responsables de ella.
El racista crea al inferiorizado,
es el blanco que hace al negro. El negro no lo es hasta que el blanco no lo
llame y no lo define como tal.
Las potencias coloniales usan el
racismo para contraponer a los pueblos de color, usan a los negros contra los
árabes, etc.
“El apartheid pretende prohibirle
al negro que participe en la historia moderna en tanto fuerza independiente y
libre” (p. 159)
Racismo al revés, esencialismo, negritud
"Cuando ya no hay un ‘mínimo humano’
no hay cultura. Me importa poco saber que el mantu es Fuerza entre los bantúes o, al menos, podría haberme
interesado, si no fuera por determinados detalles que me molestan. ¿Qué
significan estas meditaciones sobre la ontología bantú cuando se lee en otra
parte: ‘Cuando 75.000 mineros negros se pusieron en huelga en 1946, la policía
nacional los obligó con disparos y bayonetas a retomar el trabajo. Hubo veinticinco
muertos y miles de heridos’ (Skine Apartheid
en Afrique du Sud).’ (p. 159) ¡Atención! No se trata de recuperar el Ser en
el pensamiento bantú, cuando la existencia de los bantúes se sitúa sobre el
plano del no ser, de lo imponderable”. (p. 160)
Hay que apuntar a lo universal,
pero al negro se lo esencializa. Una verdadera cultura negra no puede nacer en
las condiciones actuales. Hablaremos del genio negro cuando este hombre haya
recuperado su verdadero lugar.
“Para nosotros el que adora a los negros está
tan enfermo como el que los abomina. A la inversa, el negro que quiere
blanquear su raza es tan desgraciado como el que predica el odio al blanco. En
lo absoluto, el negro no es más amable que el checo y en verdad se trata de
dejar suelto al hombre” (p. 42)
“…yo digo que la filosofía nunca
ha salvado a nadie. Cuando otro se empeña en probarme que lo negros son tan
inteligentes como los blancos me digo: la inteligencia tampoco ha salvado nunca
a nadie, y esto es cierto, porque, aunque en nombre de la inteligencia y de la
filosofía se proclame la igualdad entre los hombres, también en su nombre se
decide su exterminación.” (p. 56)
“Yo soy blanco, es decir, yo
poseo la belleza y la virtud… Yo soy el color del día. Yo soy negro, yo
experimento una fusión total con el mundo, una comprensión simpática con la tierra, una pérdida de mi yo
en el corazón del cosmos, y el blanco, por muy inteligente que sea, no sabría a
comprender a Louis Amstrong y los cantos del Congo… Yo soy verdaderamente una
gota del sol sobre la tierra. Y se enzarzan en un cuerpo a cuerpo, con su
negrura o su blancura, en pleno drama narcisista, encerrado cada uno en su
particularidad…” (p. 67)
Fanon critica el discurso de la
negritud: “Y he aquí el negro rehabilitado, de pie al timón, gobernando el
mundo con su intuición, el negro recuperado, recompuesto, reivindicado,
asumido, y es un negro, no, no un negro sino el negro, que alerta las antenas
fecundas del mundo, plantado en el proscenio del mundo, salpicando el mundo con
su potencia poética poroso a todos los alientos del mundo. ¡Yo desposo el
mundo! ¡Yo soy el mundo! El blanco nunca
ha comprendido esta sustitución mágica. El blanco quiere el mundo; lo quiere
para él solo. Se descubre el amo predestinado de este mundo. Lo somete.
Establece entre el mundo y él una relación apropiativa. Pero existen valores
que sólo van con mi salsa. Cual mago, robo al blanco un determinado mundo,
perdido para él y los suyos. Ese día, el blanco tuvo que notar un golpe de
vuelta que no pudo identificar, de tan poco acostumbrado como está a esas
reacciones.” (p. 123)
Fanon cita a Sartre, al ubicar la
lucha negra dentro de la lucha proletaria, donde el blanco simboliza el
capital, el negro el trabajo. En este sentido la negritud sería una etapa, pero
no un fin, sería un pasaje, no culminación.
Propuestas:
“Hay que sobrevolar este drama
absurdo que los otros han montado a mi alrededor, descartar los dos términos
que son parejamente inaceptables, y a
través de un particular humano, tender hacia lo universal.” (p. 167)
Lo único que pide el negro que
los explotadores le dejen la posibilidad de vivir humanamente. El problema del
negro se resuelve en “los negros explotados, esclavizados, despreciados por una
sociedad capitalista, colonialista accidentalmente blanca”. (p. 170)
La importancia de la lucha y del
sacrificio por su libertad, sin los cuales uno no se libera realmente. Francia
dio la libertad a sus esclavos, no tuvieron que luchas como los negros
estadounidenses, por eso no consiguen una consciencia de sí independiente. Lo
toma de Hegel.
“El hombre es un sí. Sí a la vida. Sí al amor.
Sí a la generosidad. Pero el hombre es también un no. No al desprecio del
hombre. No a la indignidad del hombre. A la explotación del hombre. Al
asesinato de lo que hay más humano en el hombre: la libertad.” (p. 183)
“Conducir al hombre a ser
accional, a mantener en su circularidad el respeto de los valores fundamentales
que hacen un mundo humano, ésa es la primera urgencia de aquél que, tras haber
reflexionado, se dispone de actuar.” (p. 183)
Conclusiones
La única solución para el negro
explotado es la lucha. Una lucha que surge de la misma necesidad de existencia,
sin ser conscientemente marxista, en contra de la pobreza y del hambre.
Para los explotados no es
importante descubrir su pasado negro. Ellos saben que son negros.
Habla de la alienación cultural
propia de una sociedad burguesa, que es conservadora, estancada, es la muerte,
el que luche contra ella es un revolucionario.
No se trata de tomar partido en defensa
de lo negro contra lo blanco, sino superar esta división que no beneficia a nadie.
Todo el pasado del mundo, dice
Fanon, es mío en cuanto ser humano.
“Cada vez que un hombre ha conseguido que triunfe la dignidad del
espíritu, cada vez que un hombre ha dicho no ante un intento de sometimiento de
su semejante, me he sentido solidario de su acción” – su universalismo.
No nos rebelamos por descubrir
una cultura propia o un pasado glorioso, sino porque nos es ya imposible
respirar.
“No es el mundo negro el que me dicta
la conducta. Mi piel negra no es depositaria de valores específicos” (p. 188)
No tengo derecho a investigar lo
que hace superior mi raza sobre la otra, no tengo que vivir para vengar a los
negros del siglo XVI, no tengo que preocuparme por pisotear el orgullo de mi
antiguo amo, no tengo que exigir la reparación por mis ancestros domesticados,
no hay misión negra, no hay carga blanca, no tengo el derecho a gritar el odio
hacia el blanco, mi único derecho es exigirle al blanco un comportamiento
humano, no renegar de mi libertad. No soy prisionero de la historia, no debo
buscar allá el sentido de mi destino. En los dos lados hay gente que busca.
“Soy negro y toneladas de
cadenas, tormentas de golpes, ríos de escupitajos fluyen sobre mis hombros.
Pero no tengo derecho a dejarme anclar. No soy esclavo de la esclavitud que
deshumanizó a mis padres.”(p. 189)
“Estamos convencidos de que sería
de gran interés entrar en contacto con la literatura o una arquitectura negras
del siglo III antes del Jesucristo. Estaríamos muy contentos de saber que
existe una correspondencia entre tal filósofo negro y Platón. Pero no vemos en
absoluto en qué podría cambiar ese hecho la situación de los niños de ocho años
que trabajan en las plantaciones de caña de Martinica o Guadalupe.” (p. 189)
“La desgracia y la inhumanidad
del blanco son el haber matado al hombre en algún lugar. […] yo, hombre de
color, sólo quiero una cosa: Que nunca el instrumento domine al hombre. Que
cese siempre el sometimiento de hombre por el hombre. Es decir, de mí por otro.
Que se me permita descubrir y querer al hombre, allá donde se encuentre. El
negro no es. No más que el blanco”. (p. 190)
Elaboración: Gaya Makaran