lunes, 12 de junio de 2017

La tierra territorio frente al proceso de acumulación capitalista por desposesión, Bolivia



Salazar, Cynthia, La tierra territorio frente al proceso de acumulación capitalista por desposesión: Movimientos indígenas campesino y reforma agraria en Bolivia. Una lectura desde el Siglo XXI, tesis para optar por el Grado de Maestra en Estudios Latinoamericanos por el PPELA-UNAM, México, 2017. Disponible en http://132.248.9.195/ptd2017/mayo/409065734/Index.html
 
En América Latina, el siglo XXI fue recibido en medio de augurios esperanzadores que hablaban de un viraje estructural —en ciertos países como Venezuela, Bolivia y Ecuador— en el modo en que se organiza la vida en sociedad, no sólo en el ámbito político, sino incluso en lo económico.

Así pues, las voces no sólo contra el neoliberalismo, sino también contra el imperialismo estadounidense, guiaron una serie de luchas y procesos que posibilitaron la emergencia de nuevos regímenes políticos. La novedad de estos regímenes no radicó en la construcción de nuevas propuestas de organización de la vida política y económica distintas de las liberales, sino en la articulación propia de las diversas organizaciones sociales que acompañaron la gestación de las emergentes estructuras de poder político. La coyuntura política gestada por una serie de movilizaciones populares, indígenas, campesinas y obreras permitió un recambio de las fuerzas políticas ocupantes del aparato de Estado. A su llegada al poder estatal, estas fuerzas políticas se valieron de discursos antiimperialistas y posneoliberales como un mecanismo retórico de legitimación, y no como un genuino programa político-económico aplicable en la medida de lo realmente existente y lo realmente posible.

En los hechos, el  "posneoliberalismo" se ha traducido, más bien, como  una vuelta al Estado como eje mediador para la acumulación de capital, el cual se ha dedicado a invisibilizar la continuación de la desposesión por medio de mecanismos basados en el control social disfrazado de políticas sociales redistributivas, o bien, de "nacionalización" de los recursos. Ante ello cabe preguntarse sí las políticas económicas y sociales que impulsaron estos gobiernos —casi dos décadas después­— se han traducido efectivamente en una mayor democratización de los recursos y de la vida política. O  bien, justamente el escenario internacional de crisis y transición ha sometido a las luchas populares a la camisa de fuerza del capital y, por medio de los mecanismos de control social, se han ajustado las correas. 


Es innegable que,  pese a las políticas distributivas —cualesquiera que se hayan implementado—, los mecanismos de dominación, explotación y despojo hacia los pueblos permanecen vigentes y se reactualizan. La vigencia del despojo cobra visibilidad frente a nuestros ojos porque la resistencia de las comunidades frente a la embestida del capital nos hace advertirlo. Sin la resistencia, sin la lucha, sin su negativa a que su historia, su lengua y sus modos de vida sean devorados por el apetito ilimitado del capital, difícilmente podríamos nombrarlo.

Todo lo dicho anteriormente se actualiza en un escenario sumamente complejo: el de la Bolivia Plurinacional. Aquí las reformas y otras legislaciones agrarias —promulgadas tras la Revolución de 1952— no lograron satisfacer las demandas originales de los movimientos indígenas campesinos en cuanto a la restitución y garantías de sus tierras territorios, puesto que las implicaciones de estas demandas se contraponen al proceso de acumulación capitalista por desposesión característico de América Latina. Ya en el nuevo milenio, el Movimiento al Socialismo (MAS) aun cuando retomó los discursos de lo antineoliberal y antiimperialista, no revirtió los  procesos de desposesión vigentes. 

En ese sentido, la noción de “acumulación originaria” planteada por Marx y Engels  utilizada para dar cuenta de cómo el capital, para constituirse como tal, requirió de la disociación del productor directo de sus medios de producción como un proceso primitivo— ha sido retomada para plantear la vigencia de las estructuras violentas que han perpetuado el despojo de ciertos recursos en regiones como la nuestra, de ahí que la categoría de acumulación por desposesión propuesta por Harvey nos permite comprender y explicar el actual proceso de fagocitosis del capital en Bolivia y parte de América Latina a costa de la tierra territorio de las comunidades.

La vigencia del “patrón exportador de especialización productiva” demanda la subsunción, cada vez mayor y más profunda, del espacio que había logrado subsistir, si bien no completamente al margen del capital, sí de manera limitada; es decir, la subsunción de la tierra territorio de los pueblos y comunidades indígenas. Este proceso presenta mayor incidencia en aquellos países en los que el sometimiento de los pueblos originarios desde la Colonia ha significado otros cauces para la extracción del valor en función de la lógica de acumulación de capital, como es el caso de Bolivia. El proceso de acumulación del capital está fuertemente ligado con los procesos de desposesión de la tierra territorio de las comunidades indígenas campesinas. Su carácter racista, etnocéntrico y excluyente, naturaliza la desposesión en nombre del progreso y desarrollo. No obstante la llegada al aparato de Estado de nuevos gobiernos apoyados por las organizaciones populares, la dinámica que rige la economía política no ha variado significativamente. Pese a los discursos retóricos antiimperialistas y posneoliberales que enarbola el régimen masista, la extracción de valor apoyada en mecanismos de desposesión contra los pueblos indígenas y a favor del capital, persisten. En ese sentido, queda claro que la dinámica que rige la economía global subsume, readecúa y refuncionaliza toda estructura que le podría parecer ajena o contraria y, con ello, los proyectos —genuinos o no— de organización política que aspiren a la soberanía.


http://www.inkanatural.com/es/arti.asp?ref=quinua
Todo esto lo observamos en el caso concreto del "boom de la quinua" en los Andes bolivianos, fomentado por el gobierno del MAS, cuyas consecuancias son las siguientes:

- las repercusiones ecológicas: erosión eólica, desertificación, desfertilización, plagas,
- la pérdida de diversidad genética del grano.
- el monocultivo para el mercado mundial sustituye los cultivos tradicionales para el consumo interno,
- el abandodo de cultivos tradicionales, de la ganadería y pastores de las llamas. 
- la pérdida de la soberanía alimenticia de las comunidades, el abandono de la producción para el autoconsumo: ¿para qué producir alimentos si podemos comprarlos?
- la reestructuración del uso del suelo, privatización, acaparamiento de la tierra en contra de las comunidades y de la propiedad colectiva, el sistema de tierras tradicional afectado,
- la mecanización, los créditos, abanos artificiales,
- la desaparición de la aynuca, es decir: del descanso de la tierra y de las formas ancestrales de respetar y cuidarla,
- conflictividad creciente entre las comunidades, 
- afectación del sistema de autoridades tradicionales, reconfiguración de las estructuras comunitarias: sindicalización, diferenciación de clase, surgimiento de nuevas élites, y la refuncionalización  de las dinámicas comunitarias según las necesidades del mercado.


Cynthia Salazar 

Lecturas recomendadas:  

Albó, Xavier, "Campesino-indígena: Indagando conceptos", Diálogos, Textos breves sobre desarrollo rural solicitados por el Instituto para el desarrollo rural de Sudamérica, N. 42, 2010. 

Ormachea, Enrique y Ramírez, Nilton, Propiedad colectiva de la tierra y producción agrícola capitalista. El caso de la quinua en el Altiplano sur de Bolivia, Bolivia, CEDLA, 2013.