Salazar, Cynthia, La tierra
territorio frente al proceso de acumulación capitalista por desposesión:
Movimientos indígenas campesino y reforma agraria en Bolivia. Una lectura desde
el Siglo XXI, tesis para optar por el Grado de Maestra en Estudios
Latinoamericanos por el PPELA-UNAM, México, 2017. Disponible en
http://132.248.9.195/ptd2017/mayo/409065734/Index.html
En América Latina, el siglo XXI fue
recibido en medio de augurios esperanzadores que hablaban de un viraje
estructural —en ciertos países como Venezuela, Bolivia y Ecuador— en el modo en
que se organiza la vida en sociedad, no sólo en el ámbito político, sino
incluso en lo económico.
Así pues, las voces no sólo contra el
neoliberalismo, sino también contra el imperialismo estadounidense, guiaron una
serie de luchas y procesos que posibilitaron la emergencia de nuevos regímenes
políticos. La novedad de estos regímenes no radicó en la construcción de nuevas
propuestas de organización de la vida política y económica distintas de las
liberales, sino en la articulación propia de las diversas organizaciones
sociales que acompañaron la gestación de las emergentes estructuras de poder
político. La coyuntura política gestada por una
serie de movilizaciones populares, indígenas, campesinas y obreras permitió un
recambio de las fuerzas políticas ocupantes del aparato de Estado. A su llegada
al poder estatal, estas fuerzas políticas se valieron de discursos antiimperialistas
y posneoliberales como un mecanismo retórico de legitimación, y no como un
genuino programa político-económico aplicable en la medida de lo realmente
existente y lo realmente posible.
En los hechos, el "posneoliberalismo" se ha traducido, más bien,
como una vuelta al Estado como eje
mediador para la acumulación de capital, el cual se ha dedicado a invisibilizar
la continuación de la desposesión por medio de mecanismos basados en el control
social disfrazado de políticas sociales redistributivas, o bien, de "nacionalización" de los recursos. Ante ello cabe preguntarse sí las
políticas económicas y sociales que impulsaron estos gobiernos —casi dos
décadas después— se han traducido efectivamente en una mayor democratización
de los recursos y de la vida política. O bien, justamente el escenario internacional de
crisis y transición ha sometido a las luchas populares a la camisa de fuerza
del capital y, por medio de los mecanismos de control social, se han ajustado
las correas.
Es innegable que, pese a las políticas distributivas
—cualesquiera que se hayan implementado—, los mecanismos de dominación,
explotación y despojo hacia los pueblos permanecen vigentes y se reactualizan. La vigencia
del despojo cobra visibilidad frente a nuestros ojos porque la resistencia de
las comunidades frente a la embestida del capital nos hace advertirlo. Sin la
resistencia, sin la lucha, sin su negativa a que su historia, su lengua y sus
modos de vida sean devorados por el apetito ilimitado del capital, difícilmente
podríamos nombrarlo.
Todo lo dicho anteriormente se actualiza
en un escenario sumamente complejo: el de la Bolivia Plurinacional. Aquí las
reformas y otras legislaciones agrarias —promulgadas tras la Revolución de
1952— no lograron satisfacer las demandas originales de los movimientos
indígenas campesinos en cuanto a la restitución y garantías de sus tierras
territorios, puesto que las implicaciones de estas demandas se contraponen al
proceso de acumulación capitalista por desposesión característico de América
Latina. Ya en el nuevo milenio, el Movimiento al Socialismo (MAS) aun cuando
retomó los discursos de lo antineoliberal y antiimperialista, no revirtió los procesos de desposesión vigentes.
En ese sentido, la noción de “acumulación
originaria” planteada por Marx y Engels utilizada
para dar cuenta de cómo el capital, para constituirse como tal, requirió de la disociación
del productor directo de sus medios de producción como un proceso primitivo— ha
sido retomada para plantear la vigencia de las estructuras violentas que han perpetuado
el despojo de ciertos recursos en regiones como la nuestra, de ahí que la categoría
de acumulación por desposesión propuesta por Harvey nos permite comprender y explicar
el actual proceso de fagocitosis del capital en Bolivia y parte de América
Latina a costa de la tierra territorio de las comunidades.
La vigencia del “patrón exportador de
especialización productiva” demanda la subsunción, cada vez mayor y más
profunda, del espacio que había logrado subsistir, si bien no completamente al
margen del capital, sí de manera limitada; es decir, la subsunción de la tierra
territorio de los pueblos y comunidades indígenas. Este proceso presenta mayor
incidencia en aquellos países en los que el sometimiento de los pueblos originarios
desde la Colonia ha significado otros cauces para la extracción del valor en
función de la lógica de acumulación de capital, como es el caso de Bolivia. El proceso de acumulación del capital está
fuertemente ligado con los procesos de desposesión de la tierra territorio de
las comunidades indígenas campesinas. Su carácter racista, etnocéntrico y
excluyente, naturaliza la desposesión en nombre del progreso y desarrollo. No
obstante la llegada al aparato de Estado de nuevos gobiernos apoyados por las
organizaciones populares, la dinámica que rige la economía política no ha
variado significativamente. Pese a los discursos retóricos antiimperialistas
y posneoliberales que enarbola el régimen masista, la extracción de valor
apoyada en mecanismos de desposesión contra los pueblos indígenas y a favor del
capital, persisten. En ese sentido, queda claro que la dinámica que rige la economía
global subsume, readecúa y refuncionaliza toda estructura que le podría parecer
ajena o contraria y, con ello, los proyectos —genuinos o no— de organización política
que aspiren a la soberanía.
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| http://www.inkanatural.com/es/arti.asp?ref=quinua |
Todo esto lo observamos en el caso concreto del "boom de la quinua" en los Andes bolivianos, fomentado por el gobierno del MAS, cuyas consecuancias son las siguientes:
- las repercusiones ecológicas: erosión eólica, desertificación, desfertilización, plagas,
- la pérdida de diversidad genética del grano.
- el monocultivo para el mercado mundial sustituye los cultivos tradicionales para el consumo interno,
- el abandodo de cultivos tradicionales, de la ganadería y pastores de las llamas.
- la pérdida de la soberanía alimenticia de las comunidades, el abandono de la producción para el autoconsumo: ¿para qué producir alimentos si podemos comprarlos?
- la reestructuración del uso del suelo, privatización, acaparamiento de la tierra en contra de las comunidades y de la propiedad colectiva, el sistema de tierras tradicional afectado,
- la mecanización, los créditos, abanos artificiales,
- la desaparición de la aynuca, es decir: del descanso de la tierra y de las formas ancestrales de respetar y cuidarla,
- conflictividad creciente entre las comunidades,
- afectación del sistema de autoridades tradicionales, reconfiguración de las estructuras comunitarias: sindicalización, diferenciación de clase, surgimiento de nuevas élites, y la refuncionalización de las dinámicas comunitarias según las necesidades del mercado.
Cynthia Salazar
Lecturas recomendadas:
Albó, Xavier, "Campesino-indígena:
Indagando conceptos", Diálogos, Textos breves sobre desarrollo rural
solicitados por el Instituto para el desarrollo rural de Sudamérica, N. 42,
2010.
Ormachea, Enrique y Ramírez, Nilton, Propiedad
colectiva de la tierra y producción agrícola capitalista. El caso de la quinua
en el Altiplano sur de Bolivia, Bolivia, CEDLA, 2013.