Referencias:
1.
Bringel, B. M. (2012).
El lugar también importa. Las diferentes relaciones entre Lula y el MST. Revista Nera, 9, 28-48. Recuperado 24 de Agosto de 2015 de http://revista.fct.unesp.br/index.php/nera/article/view/1431/1409
2.
Campos, M. P.
(2015). Movimentos Sociais e Conjuntura Política: uma reflexão a partir das
relações entre o MST e o governo Dilma. Cadernos
de Estudos Sociais e Políticos, 4(7),
196-218. Recuperado el 24 de Agosto de 2015 de http://cadernos.iesp.uerj.br/index.php/CESP/article/viewArticle/147
3.
Rocca Rivarola, D.
(2009). El MST en Brasil y las organizaciones sociales kirchneristas en Argentina:
Roles, identificación y relaciones dentro del conglomerado oficialista. Sociohistórica, 26, 13-49 . Recuperado
24 de Agosto de 2015 de http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1852-16062009000200001&lng=es&nrm=iso
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El Movimiento Sin Tierra (MST) de Brasil es considerado uno de los
movimientos sociales más importantes de América Latina. La llegada al poder del
Partido de los Trabajadores (PT), desde el 1 de enero de 2003 -primero, con los
dos períodos presidenciales de Luis Inácio Lula da Silva (2003-2011) y, luego,
con la presidencia de Dilma Roussef (2011-actualidad)- ha supuesto un escenario
muy singular para el MST, dado sus tradicionales vínculos con el PT.
No resulta extraño que, en un contexto marcado por un gobierno liderado
por un partido tradicionalmente aliado del movimiento social, distintos autores
han analizado las relaciones entre el MST y los gobiernos petistas. En tales
análisis se identifican dos claras tendencias principales. Por un lado,
determinados autores señalan una desmovilización de los movimientos sociales
como el MST durante los gobiernos petistas, con la consiguiente reducción de su
importancia en la política brasilera, a partir de las dificultades de
movilización social, el exceso de la jerarquización e incluso la degeneración
del discurso ideológico del MST. Por otro lado, ciertos analistas consideran
que el MST ha vivido un proceso de transformación en el contexto de los
gobiernos petistas, en particular a través de la adecuación de su repertorio de
acción y de los cambios en la espacialización de su interacción con el gobierno
brasilero en el nuevo contexto.
El texto de Bringel (2012) analiza los primeros momentos de esa
interrelación, a partir del estudio del primer período de Lula como presidente
de Brasil y parte de la hipótesis de que “si el discurso de los sin tierra ha
variado, también han cambiado las prácticas espaciales a través de las cuales
el MST trata de influir y presionar en los debates políticos locales y
nacionales, suscitando cuestiones teóricas y políticas profundas que exigen la
comprensión de una nueva configuración que incluya el plano geográfico y
geopolítico”, proponiendo “el enfoque de la resistencia de lugar y la espacialidad
de la interacción para analizar los logros y reflujos del MST”.
Este autor señala los análisis e interpretaciones sobre las relaciones
entre gobiernos petistas y MST han asumido perspectivas que se ubican entre el
continuismo y la ruptura, centrándose básicamente en tres dimensiones: la
política económica del PT y sus claros matices neoliberales y compromiso con el
agronegocio -en una tendencia radicalmente opuesta a los principios planteados
por el MST-; la corrupción institucional del partido y la imbricación histórica
profunda entre el movimiento y el partido. A estas tres dimensiones, Bringel propone
añadir lo local, a partir de aspectos como las asimetrías regionales y la idea
de lugar.
Según el análisis realizado en el artículo, la tendencia que ha
caracterizado las relaciones entre MST y el PT luego de su llegada al poder ha
sido la un alejamiento paulatino de una hipotética institucionalización,
acercándose más bien a la opción de agudización del conflicto, si bien no
existe un posicionamiento homogéneo dentro del MST con respecto a la cuestión,
fruto de la pluralidad y diversidad de enfoques propio de los movimientos
sociales. Un tema que ha atravesado estas interrelaciones ha sido la Reforma
Agraria fracasada y las alianzas del petismo con sectores conservadores de la
derecha para lograr cierta “gobernabilidad” ante la ausencia de mayoría en el
Congreso y su apuesta contundente por el agronegocio. En respuesta a
ello, el cambio discursivo del MST ha sido paulatino, pero constante, a la par
de un alejamiento de la postura gubernamental cada vez mayor.
Pero, en particular, Bringel destaca los cambios en las prácticas
espaciales del MST como parte las interrelaciones con el gobierno petista. En
lo que el autor describe como un proceso caracterizado por cooptación,
mediación o mezcla de ambos procesos, la relación entre movimiento social y
gobierno, en términos de espacialidad, puede sintetizarse en los siguientes
términos:
1)
tendencia del
movimiento a demostrar su fuerza en las regiones donde está presente, alterando
y desafiando la conformación espacial previa;
2)
la consolidación
de las marchas -sobre todo a Brasilia- como forma de acción efectiva para
interpelar al poder político;
3)
a mayor
conflictividad en el campo, se produce una re-configuración estratégica por
parte del MST de las zonas donde ocupar y cómo plantear el conflicto
localmente, logrando el máximo rendimiento a sus acciones, espacializando las
resistencias para inmediatamente buscar el establecimiento de nexos, vínculos o
interacciones de las mismas con las espacialidades que le rodean y priorizando
las ocupaciones en aquellos sitios donde existen redes previas de apoyo;
4)
un incremento de
la conflictividad,
5)
la cercanía de
los postulados del MST con los principios de los militantes críticos y disidentes
del PT;
6)
el cambio
discursivo, evidente cuando se compara el posicionamiento del movimiento en
2002 -cuando consideraba que “el gobierno Lula desempeñará un papel fundamental
para democratizar la propiedad de la tierra en Brasil” y 2005 -cuando un texto
del MST reconoce que “las articulaciones políticas del gobierno frustraron a
todos (…) No contamos de ninguna manera con el gobierno que elegimos en 2002.
No tenemos un gobierno de izquierda ni de centroizquierda: vivimos bajo un
gobierno de centro, mientras la derecha controla la política económica. Digamos
adiós al gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) y a sus compromisos
históricos”.
Frente a los análisis que plantean una cooptación en el sentido más
completo del MST, Bringel considera que es precisamente este movimiento el
único que ha logrado durante la gestión Lula hacerle frente, siguiendo con su
política de ocupaciones y presión, basadas en su autonomía política. El resto
de los movimientos sociales brasileros, aislados espacialmente, han sido
neutralizados en parte o totalmente por el Estado, resistiendo a una posible
estrategia externa de desterritorialización a la que el MST no ha podido ser
sometida debido a su fuerte anclaje territorial.
El artículo de Rocca Rivarola (2009), por su parte, destaca en
particular que el tránsito del MST, desde un posicionamiento contra el
latifundio improductivo a la oposición al agronegocio ha colocado al movimiento
en una mayor posición de conflicto frente al gobierno petista, pues ambos
comparten un posicionamiento contrario al primero, mientras que el segundo ha
contado con el apoyo del gobierno. Unido a ello, la autora también subraya la
autonomía como un elemento central de la identidad del MST, lo cual se entiende
desde una lógica de oposición por parte del gobierno.
Hay varias cuestiones a discusión en el texto, que resultan
especialmente importantes para el análisis de las relaciones entre movimiento
social y gobierno. En primer lugar, la inclusión del MST, metodológicamente,
dentro del oficialismo, aspecto discutible ante la mencionada autonomía. Sin
embargo, a juicio de la autora, hay determinados momentos en que el MST podría
considerarse como posicionado en el oficialismo, en particular en momentos en
que el gobierno del PT ha estado amenazado, como por ejemplo: 1) ante las
denuncias de corrupción, y 2) frente al posible fracaso en la reelección de
Lula en las elecciones de 2006.
En síntesis, Rocca Rivarola (2009) califica de ambiguo o híbrido el
posicionamiento del MST en relación con los gobiernos petistas, sobre la base
de los siguientes aspectos:
1)
el MST se
considera un actor legítimo en la crítica al gobierno, dada su trayectoria
histórica compartida;
2)
el movimiento
nunca llega a considerar al gobierno de Lula como “el otro” totalmente;
3)
se considera a
Lula como un amigo, pero también se reconoce que “no hay avances sin luchas”;
4)
a pesar de ese
reconocimiento de mayor sensibilidad en el gobierno, hay a partir de 2005 un
incremento en movilizaciones, llegando en 2007 a una lectura marcadamente más negativa
del gobierno petista por parte del MST;
5)
la idea
recurrente de “apoyo crítico” e incluso la novión de “voto de protesta”, en
particular durante la segunda vuelta de las elecciones de 2006, cuando se
plantea un voto crítico, de autonomía, que no implica depositar cheque en
blanco a Lula;
6)
la tendencia a un
apoyo más estratégico que ideológico al gobierno petista;
7)
la ausencia de
una demonización de la figura Lula, de manera personal, prefiriendo hacer una
evaluación negativa de la relación de fuerzas de la coalición que lo acompaña;
8)
el cambio en la
lectura que hace el MST de esa disputa al interior del gobierno durante el
segundo mandato de Lula;
En
síntesis, este segundo texto sintetiza la relación entre movimiento y gobierno
en términos de una breve tregua del primero hacia el segundo, para luego
retomar e intensificar la movilización. Varios aspectos que median esta
relación remiten, a juicio de la autora, a circunstancias previas a la llegada
del PT al poder, como el hecho de que el MST era su principal interlocutor
político antes de su victoria electoral, así como el hecho que la tensión entre
posiciones más moderadas y más radicales en el seno del PT habría sido una
dimensión en las tradicionales entrelazamientos entre PT y MST. Del lado del
movimiento social, un aspecto muy relevante a tener en cuenta para el análisis
de la cuestión será su énfasis en la autonomía y en la lucha por
reivindicaciones propias del movimiento como eje central, que lleva al
movimiento a prescindir, de alguna manera, de la disputa político-electoral.
Mientras tanto, por parte del gobierno, el texto apunta la creciente
indiferencia del gobierno de Lula en su relación con el MST y otros movimientos
sociales.
Por
último, el texto de Campos (2015), se centra en el análisis de las relaciones
entre MST y gobierno petista en el contexto de los gobiernos de Dilma Rousseff.
En tal sentido, el artículo insiste en la tesis planteada por Bringel, acerca de
la reconfiguración en la espacialidad de la interacción de los repertorios de
acción colectiva del movimiento, en particular la reducción de su expansión para nuevas áreas y el reforzamiento de la
tradicional importancia de las marchas a capital federal como recurso de
visibilidad.
El autor
subraya también que el MST se enfrenta a un nuevo escenario en su lucha, ante
al hecho de tener que demandar la reforma agraria a un gobierno que recibió su
apoyo electoral y cuya dirección política está a cargo del PT, con el que
siempre tuvo proximidad, pero en cuyo seno hay personas comprometidas con lucha
por la tierra y también con los sectores del agronegocio. Ejemplo de la tensión
asociada a ese escenario es, a juicio de Campos (2015), el cuestionamiento del
MST a la política del gobierno de Rousseff sobre las desapropiaciones de tierra
y, en particular, la realización de movilizaciones nacionales contra la misma y
para presionar al gobierno petista en favor de la desapropiación de tierras.
Un cambio
relevante, en la acción colectiva del MST ante el nuevo escenario, sería su
mayor esfuerzo por potenciar sus demandas mediante la asociación con otros
movimientos sociales y sindicales que también actúan en el campo y que no
siempre figuraban como aliados del MST. Otra tendencia significativa que se
identifica es la reducción de las ocupaciones, hecho que podría ser expresión
de una desmovilización del movimiento o de una estrategia coyuntural
diferenciada. En tal sentido, Campos (2015) considera que la lentitud del
gobierno para crear asentamientos es tan grande que las familias de
trabajadores rurales pierden la perspectiva de conquistar la tierra con
ocupaciones pero, al mismo tiempo, considera que tanto la reducción en las
ocupaciones como la pujante movilización del MST en torno a su congreso de 2014
deben ser entendidas como parte de una misma estrategia de acción del MST
frente al gobierno de Rousseff. Al respecto, considera que el proceso de
discusión en las bases gana tanta relevancia que el enfrentamiento directo con
la gran concentración de tierra vía ocupaciones acaba perdiendo espacio, progresivamente,
en el repertorio de acción.
En síntesis,
Campos (2015) identifica dos cambios fundamentales en las prácticas de lucha
del MST. En primer lugar, la ya mencionada construcción de acciones en conjunto
con otros movimientos sociales tanto rurales como urbanos y, en segundo lugar,
una reducción de las ocupaciones en favor de un profundo proceso de discusión
interna a nivel nacional. Esta reducción en su forma de acción colectiva más
visible y radical sería expresión de una estrategia en la cual esa reducción no
supone una pérdida de su capacidad movilizadora, sino la concentración de los
esfuerzos en un proceso reflexivo que debe ser entendida como parte de un
discurso movilizador de acciones de enfrentamiento futuro.
Autor: Lázaro Bacallao Pino
ICEI-Universidad de Chile / Programa Fondecyt


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