martes, 25 de agosto de 2015

Movimiento Sin Tierra en el Brasil de los gobiernos petistas



Referencias:

1.    Bringel, B. M. (2012). El lugar también importa. Las diferentes relaciones entre Lula y el MST. Revista Nera, 9, 28-48. Recuperado 24 de Agosto de 2015 de http://revista.fct.unesp.br/index.php/nera/article/view/1431/1409
 
2.    Campos, M. P. (2015). Movimentos Sociais e Conjuntura Política: uma reflexão a partir das relações entre o MST e o governo Dilma. Cadernos de Estudos Sociais e Políticos, 4(7), 196-218. Recuperado el 24 de Agosto de 2015 de http://cadernos.iesp.uerj.br/index.php/CESP/article/viewArticle/147

3.    Rocca Rivarola, D. (2009). El MST en Brasil y las organizaciones sociales kirchneristas en Argentina: Roles, identificación y relaciones dentro del conglomerado oficialista. Sociohistórica, 26, 13-49 . Recuperado 24 de Agosto de 2015 de http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1852-16062009000200001&lng=es&nrm=iso

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 El Movimiento Sin Tierra (MST) de Brasil es considerado uno de los movimientos sociales más importantes de América Latina. La llegada al poder del Partido de los Trabajadores (PT), desde el 1 de enero de 2003 -primero, con los dos períodos presidenciales de Luis Inácio Lula da Silva (2003-2011) y, luego, con la presidencia de Dilma Roussef (2011-actualidad)- ha supuesto un escenario muy singular para el MST, dado sus tradicionales vínculos con el PT.

 
No resulta extraño que, en un contexto marcado por un gobierno liderado por un partido tradicionalmente aliado del movimiento social, distintos autores han analizado las relaciones entre el MST y los gobiernos petistas. En tales análisis se identifican dos claras tendencias principales. Por un lado, determinados autores señalan una desmovilización de los movimientos sociales como el MST durante los gobiernos petistas, con la consiguiente reducción de su importancia en la política brasilera, a partir de las dificultades de movilización social, el exceso de la jerarquización e incluso la degeneración del discurso ideológico del MST. Por otro lado, ciertos analistas consideran que el MST ha vivido un proceso de transformación en el contexto de los gobiernos petistas, en particular a través de la adecuación de su repertorio de acción y de los cambios en la espacialización de su interacción con el gobierno brasilero en el nuevo contexto.

     El texto de Bringel (2012) analiza los primeros momentos de esa interrelación, a partir del estudio del primer período de Lula como presidente de Brasil y parte de la hipótesis de que “si el discurso de los sin tierra ha variado, también han cambiado las prácticas espaciales a través de las cuales el MST trata de influir y presionar en los debates políticos locales y nacionales, suscitando cuestiones teóricas y políticas profundas que exigen la comprensión de una nueva configuración que incluya el plano geográfico y geopolítico”, proponiendo “el enfoque de la resistencia de lugar y la espacialidad de la interacción para analizar los logros y reflujos del MST”.

     Este autor señala los análisis e interpretaciones sobre las relaciones entre gobiernos petistas y MST han asumido perspectivas que se ubican entre el continuismo y la ruptura, centrándose básicamente en tres dimensiones: la política económica del PT y sus claros matices neoliberales y compromiso con el agronegocio -en una tendencia radicalmente opuesta a los principios planteados por el MST-; la corrupción institucional del partido y la imbricación histórica profunda entre el movimiento y el partido. A estas tres dimensiones, Bringel propone añadir lo local, a partir de aspectos como las asimetrías regionales y la idea de lugar.

     Según el análisis realizado en el artículo, la tendencia que ha caracterizado las relaciones entre MST y el PT luego de su llegada al poder ha sido la un alejamiento paulatino de una hipotética institucionalización, acercándose más bien a la opción de agudización del conflicto, si bien no existe un posicionamiento homogéneo dentro del MST con respecto a la cuestión, fruto de la pluralidad y diversidad de enfoques propio de los movimientos sociales. Un tema que ha atravesado estas interrelaciones ha sido la Reforma Agraria fracasada y las alianzas del petismo con sectores conservadores de la derecha para lograr cierta “gobernabilidad” ante la ausencia de mayoría en el Congreso y su apuesta contundente por el agronegocio. En respuesta a ello, el cambio discursivo del MST ha sido paulatino, pero constante, a la par de un alejamiento de la postura gubernamental cada vez mayor.

     Pero, en particular, Bringel destaca los cambios en las prácticas espaciales del MST como parte las interrelaciones con el gobierno petista. En lo que el autor describe como un proceso caracterizado por cooptación, mediación o mezcla de ambos procesos, la relación entre movimiento social y gobierno, en términos de espacialidad, puede sintetizarse en los siguientes términos:
1)    tendencia del movimiento a demostrar su fuerza en las regiones donde está presente, alterando y desafiando la conformación espacial previa;
2)    la consolidación de las marchas -sobre todo a Brasilia- como forma de acción efectiva para interpelar al poder político;
3)    a mayor conflictividad en el campo, se produce una re-configuración estratégica por parte del MST de las zonas donde ocupar y cómo plantear el conflicto localmente, logrando el máximo rendimiento a sus acciones, espacializando las resistencias para inmediatamente buscar el establecimiento de nexos, vínculos o interacciones de las mismas con las espacialidades que le rodean y priorizando las ocupaciones en aquellos sitios donde existen redes previas de apoyo;
4)    un incremento de la conflictividad,
5)    la cercanía de los postulados del MST con los principios de los militantes críticos y disidentes del PT;
6)    el cambio discursivo, evidente cuando se compara el posicionamiento del movimiento en 2002 -cuando consideraba que “el gobierno Lula desempeñará un papel fundamental para democratizar la propiedad de la tierra en Brasil” y 2005 -cuando un texto del MST reconoce que “las articulaciones políticas del gobierno frustraron a todos (…) No contamos de ninguna manera con el gobierno que elegimos en 2002. No tenemos un gobierno de izquierda ni de centroizquierda: vivimos bajo un gobierno de centro, mientras la derecha controla la política económica. Digamos adiós al gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) y a sus compromisos históricos”.

     Frente a los análisis que plantean una cooptación en el sentido más completo del MST, Bringel considera que es precisamente este movimiento el único que ha logrado durante la gestión Lula hacerle frente, siguiendo con su política de ocupaciones y presión, basadas en su autonomía política. El resto de los movimientos sociales brasileros, aislados espacialmente, han sido neutralizados en parte o totalmente por el Estado, resistiendo a una posible estrategia externa de desterritorialización a la que el MST no ha podido ser sometida debido a su fuerte anclaje territorial.

     El artículo de Rocca Rivarola (2009), por su parte, destaca en particular que el tránsito del MST, desde un posicionamiento contra el latifundio improductivo a la oposición al agronegocio ha colocado al movimiento en una mayor posición de conflicto frente al gobierno petista, pues ambos comparten un posicionamiento contrario al primero, mientras que el segundo ha contado con el apoyo del gobierno. Unido a ello, la autora también subraya la autonomía como un elemento central de la identidad del MST, lo cual se entiende desde una lógica de oposición por parte del gobierno.

      Hay varias cuestiones a discusión en el texto, que resultan especialmente importantes para el análisis de las relaciones entre movimiento social y gobierno. En primer lugar, la inclusión del MST, metodológicamente, dentro del oficialismo, aspecto discutible ante la mencionada autonomía. Sin embargo, a juicio de la autora, hay determinados momentos en que el MST podría considerarse como posicionado en el oficialismo, en particular en momentos en que el gobierno del PT ha estado amenazado, como por ejemplo: 1) ante las denuncias de corrupción, y 2) frente al posible fracaso en la reelección de Lula en las elecciones de 2006.

     En síntesis, Rocca Rivarola (2009) califica de ambiguo o híbrido el posicionamiento del MST en relación con los gobiernos petistas, sobre la base de los siguientes aspectos:
1)    el MST se considera un actor legítimo en la crítica al gobierno, dada su trayectoria histórica compartida;
2)    el movimiento nunca llega a considerar al gobierno de Lula como “el otro” totalmente;
3)    se considera a Lula como un amigo, pero también se reconoce que “no hay avances sin luchas”;
4)    a pesar de ese reconocimiento de mayor sensibilidad en el gobierno, hay a partir de 2005 un incremento en movilizaciones, llegando en 2007 a una lectura marcadamente más negativa del gobierno petista por parte del MST;
5)    la idea recurrente de “apoyo crítico” e incluso la novión de “voto de protesta”, en particular durante la segunda vuelta de las elecciones de 2006, cuando se plantea un voto crítico, de autonomía, que no implica depositar cheque en blanco a Lula;
6)    la tendencia a un apoyo más estratégico que ideológico al gobierno petista;
7)    la ausencia de una demonización de la figura Lula, de manera personal, prefiriendo hacer una evaluación negativa de la relación de fuerzas de la coalición que lo acompaña;
8)    el cambio en la lectura que hace el MST de esa disputa al interior del gobierno durante el segundo mandato de Lula;

      En síntesis, este segundo texto sintetiza la relación entre movimiento y gobierno en términos de una breve tregua del primero hacia el segundo, para luego retomar e intensificar la movilización. Varios aspectos que median esta relación remiten, a juicio de la autora, a circunstancias previas a la llegada del PT al poder, como el hecho de que el MST era su principal interlocutor político antes de su victoria electoral, así como el hecho que la tensión entre posiciones más moderadas y más radicales en el seno del PT habría sido una dimensión en las tradicionales entrelazamientos entre PT y MST. Del lado del movimiento social, un aspecto muy relevante a tener en cuenta para el análisis de la cuestión será su énfasis en la autonomía y en la lucha por reivindicaciones propias del movimiento como eje central, que lleva al movimiento a prescindir, de alguna manera, de la disputa político-electoral. Mientras tanto, por parte del gobierno, el texto apunta la creciente indiferencia del gobierno de Lula en su relación con el MST y otros movimientos sociales.

      Por último, el texto de Campos (2015), se centra en el análisis de las relaciones entre MST y gobierno petista en el contexto de los gobiernos de Dilma Rousseff. En tal sentido, el artículo insiste en la tesis planteada por Bringel, acerca de la reconfiguración en la espacialidad de la interacción de los repertorios de acción colectiva del movimiento, en particular la reducción de su expansión para nuevas áreas y el reforzamiento de la tradicional importancia de las marchas a capital federal como recurso de visibilidad.

     El autor subraya también que el MST se enfrenta a un nuevo escenario en su lucha, ante al hecho de tener que demandar la reforma agraria a un gobierno que recibió su apoyo electoral y cuya dirección política está a cargo del PT, con el que siempre tuvo proximidad, pero en cuyo seno hay personas comprometidas con lucha por la tierra y también con los sectores del agronegocio. Ejemplo de la tensión asociada a ese escenario es, a juicio de Campos (2015), el cuestionamiento del MST a la política del gobierno de Rousseff sobre las desapropiaciones de tierra y, en particular, la realización de movilizaciones nacionales contra la misma y para presionar al gobierno petista en favor de la desapropiación de tierras.

     Un cambio relevante, en la acción colectiva del MST ante el nuevo escenario, sería su mayor esfuerzo por potenciar sus demandas mediante la asociación con otros movimientos sociales y sindicales que también actúan en el campo y que no siempre figuraban como aliados del MST. Otra tendencia significativa que se identifica es la reducción de las ocupaciones, hecho que podría ser expresión de una desmovilización del movimiento o de una estrategia coyuntural diferenciada. En tal sentido, Campos (2015) considera que la lentitud del gobierno para crear asentamientos es tan grande que las familias de trabajadores rurales pierden la perspectiva de conquistar la tierra con ocupaciones pero, al mismo tiempo, considera que tanto la reducción en las ocupaciones como la pujante movilización del MST en torno a su congreso de 2014 deben ser entendidas como parte de una misma estrategia de acción del MST frente al gobierno de Rousseff. Al respecto, considera que el proceso de discusión en las bases gana tanta relevancia que el enfrentamiento directo con la gran concentración de tierra vía ocupaciones acaba perdiendo espacio, progresivamente, en el repertorio de acción.

     En síntesis, Campos (2015) identifica dos cambios fundamentales en las prácticas de lucha del MST. En primer lugar, la ya mencionada construcción de acciones en conjunto con otros movimientos sociales tanto rurales como urbanos y, en segundo lugar, una reducción de las ocupaciones en favor de un profundo proceso de discusión interna a nivel nacional. Esta reducción en su forma de acción colectiva más visible y radical sería expresión de una estrategia en la cual esa reducción no supone una pérdida de su capacidad movilizadora, sino la concentración de los esfuerzos en un proceso reflexivo que debe ser entendida como parte de un discurso movilizador de acciones de enfrentamiento futuro.


Autor: Lázaro Bacallao Pino

ICEI-Universidad de Chile / Programa Fondecyt

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