Lucía Álvarez Enríquez (coord.), Pueblos urbanos. Identidad, ciudadanía y territorio en la ciudad de México, México, Miguel Angel Porrua, UNAM, 2011.
NUestro invitado, el Dr. Iván Gomezcésar, indica que en el imaginario social las comunidades indígenas se ligan a los espacios rurales, sin
embargo, hay que evidenciar que dichas comunidades también perviven en los
contextos urbanos.
En la Ciudad de México, los pueblos
originarios son testigos de los cambios vertiginosos, existen y
resisten ante la depredación de sus espacios de vida y recrean sus formas comunitarias
de múltiples maneras. A los pueblos originarios se suman los pueblos indígenas
migrantes que replican en la Gran Ciudad
su vida comunal a través del goce y la fiesta.
Unidos por la tradición, los pueblos
originarios y los pueblos indígenas migrantes trabajan por sostener sus formas
culturales diferencias, en medio de una Ciudad fragmentada, que homogeneiza la
cultura y el consumo. Sin embargo, hay evidencias de prácticas culturales y
políticas que disputan los espacios de la autonomía, que en la praxis
despliegan modos diferentes de recrear lo social. Uno de estos ejemplos es el sistema de
chinampas, un modo de producción agrícola que asegura la subsistencia de un
buen número de habitantes de la Ciudad de México y que ha asegurado la
sustentabilidad de la urbe por décadas, así, en el modo de producir los
cultivos para el comercio y el autoconsumo, la práctica de la autonomía de los pueblos se liga
íntimamente al modo de producción y distribución de la riqueza dentro de una
comunidad.
En la Ciudad de México, desde la década de
los ochenta se observa un fortalecimiento identitario de los pueblos urbanos, a
partir de tres condiciones históricas y sociales que han permitido que:
- Los Pueblos del Sur (Milpa Alta, Cuajimalpa, Tláhuac, Xochimilco) pervivan
como pueblos campesinos con un alto grado de preservación identitaria.
- Los Pueblos del Centro (Coyoacán, Iztapalapa)
tengan un pasado agrario reciente.
- Los Pueblos del Norte (Azcapotzalco) -quienes
sufrieron un proceso de aculturación- hoy
luchan por recuperar su territorio y demás prácticas culturales como elementos
de cohesión comunitaria.
Para Gomezcésar, en la recuperación de las identidades de los
pueblos indígenas originarios y migrantes es muy importante la dimensión lúdica
de la vida en comunidad, la fiesta patronal, la veneración de figuras que les
dan identidad y los diferencian de otros pueblos y colonias dentro de la
Ciudad. Por ejemplo, para elegir al Santo Patrón de un barrio hace falta el
consenso, el diálogo, la palabra, no es un proceso endógeno intercomunitario,
sino que además es un ejercicio de integración a la comunidad de la Gran
Ciudad. Las fiestas patronales son el resultado de
la organización comunal, de la vitalidad de su cultura, son expresiones del
ejercicio de la memoria histórica. Así, la “fiesta” toma la Ciudad, desordena el
“orden urbano”, supone la reterritorialización de su ser político; es un elemento
de resistencia, persistencia y vitalidad
de la propia cultura.
Para recuperar
la Ciudad para la gente se llevan a cabo osados proyectos de
reconfiguración del espacio urbano que
expresan una rebeldía contra el espacio urbano, contra la propiedad e identidad
individualizada persistente en la Ciudad. Los barrios populares indígenas y no
indígenas expresan su deseo por la autonomía social, con un sentido de organización
horizontal y colectiva, lo que resulta
en su movilización en defensa de los bienes comunes, recursos y suelo.

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