lunes, 12 de junio de 2017

Autonomía como horizonte emancipatorio



Modonesi, Massimo, Subalteridad, antagonismo, autonomía. Marxismo y subjetivación política, Buenos Aires, CLACSO-UBA Sociales Publicaciones- FFYL UBA-Prometeo, 2010.

Como advierte Massimo Modonesi, el concepto de autonomía tiene entre sus antecedentes y orígenes políticos una larga tradición de pensamiento marxista. Uno de los aportes más destacables para reflexionar la cuestión de la autonomía surge del grupo Socialismo o Barbarie, en la Francia de los años cincuenta; este conocido grupo de inspiración marxista ubicó dos acepciones a dicho término, por un lado la idea de autonomía como emergencia del sujeto socio-político y la de autonomía como una característica del proceso y del horizonte emancipatorio, de la construcción del socialismo. El eco de la autonomía, a decir de Modonesi, irá marcando las reflexiones y las prácticas de los movimientos autogestionarios franceses en las décadas siguientes.

Para el marxismo, la utilización del concepto autonomía es de larga data, Marx y Engels lo emplean para referirse a la autodeterminación de los pueblos, pero también a la pérdida de autonomía del obrero frente a la máquina, pasando por la autonomía del Estado, o para designar explícitamente la independencia de clase - autonomía política del proletariado. Así, para una corriente del marxismo la autonomía se relaciona con la emergencia del sujeto político-obrero, quien disputará la hegemonía en su apuesta por la toma del poder del Estado. En una lectura complementaria, la autonomía sería también un proceso horizontal de emancipación, de construcción de un proyecto distinto al de la modernidad capitalista.

Mabel Thwaites Rey en su obra La autonomía como búsqueda, el Estado como contradicción (2004) enuncia que ésta es siempre una búsqueda, la autonomía significa que no hay una imposición, ni un orden impuesto por fuera de la voluntad del sujeto (comunitario), es lo contrario a la subordinación. La autonomía jamás es absoluta, es un siempre “construir”. Así, el autor distingue los posibles significados de la autonomía: como la autonomía del trabajo frente al capital (autogestión), la autonomía del sujeto social frente a las organizaciones partidarias, sindicales y frente al Estado (ideológica) y la autonomía social o individual (como modelo de sociedad). La autonomía sería la autoregulación y autogestión de la sociedad que se convertiría en una utopía comunista sin Estado.

Observamos el rechazo del marxismo ortodoxo a la autonomía como valor absoluto en contra de las posturas anarquistas y su aceptación como método y forma de las luchas por la emancipación, pero nunca el fin en sí mismo. Este antiguo debate se releja también hoy en día en la división entre los "hegemónicos" y "los autonómicos", donde estos primeros disputan el Estado, mientras los últimos ambicionan ir más allá y en contra del Estado visto como una herramienta política del Capital. 

El camino hacia la autonomía integral, la autonomización, es un proceso complejo, plagado de autonomías parciales o relativas (Gramsci). La autogestión social sería el medio para realizar la emancipación, lo que apunta a una serie de prácticas de apropiación material y de subjetivación política fincada en el ejercicio de la autodeterminación social. La autonomía empieza en las experiencias concretas que la prefiguran, dando la vida a un proceso emancipatorio. La autonomía surge y se forja en el cruce de las relaciones de poder y construcción de sujetos. Más que un mero régimen administrativo (autonomía de iure) debe entenderse como la capacidad de producir la vida material y concreta más allá del Estado y el Capital. Se reflexiona sobre la "autonomía de" y la "autonomía para", etendida esta última como la capacidad para, un poder hacer (Holloway) anclado en lo material.

Cualquiera que sea su tratamiento, una serie de interrogantes atraviesa su reflexión: ¿la autonomía es un principio, un medio o un fin? ¿Autonomía frente a qué y para qué?

Existen muchos retos al pensar la autonomía, uno de los cuales son los límites a la misma. Y es que en una análisis multiescalar, los de abajo difícilmente pueden contra las fuerzas globales de capital, sus luchas corren el peligro de no sostenerse a través del tiempo, la perdida de cohesión y el desmembramiento que opera bajo el crisol del capital es siempre una realidad que les acosa.

Terminamos la reflexión al destacar el papel crucial de la comunidad: hacer la comunidad, dondequiera que sea, es un paso indispensable para la construcción de cualquier autonomía social.
 

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