Héctor Díaz Polanco, Elogio de la diversidad. Globalización,
multiculturalismo y etnofagia, México, Siglo XXI.
Pablo González Casanova, Colonialismo interno.
Silvia Rivera Cusicanqui,
“Pachakuti: los horizontes históricos del colonialismo interno” en: Violencias (re) encubiertas en Bolivia,
La Paz, Piedra Rota, 2010.
Observaciones:
Díaz Polanco indica que el
término “globalización” fue inventado desde el Imperio para disimular su
política de avance económico en otros países. Sería en realidad la actual fase de
acumulación capitalista. En sus inicios la acompañan dos mitos: igualación
económica y homogeneidad cultural. Sucede todo lo contrario: desigualdad y auge
de las identidades que subrayan la heterogeneidad cultural. La globalización
intenta aprovechar la diversidad, muchas veces incluso promoviéndola, a favor
de la consolidación del sistema: se politiza la cultura entendida de manera
superficial y se despolitiza la economía.
Díaz Polanco analiza la postura
del liberalismo frente a la diversidad, llegando a la conclusión que éste sólo
tolera la diversidad individual y se muestra receloso ante las identidades
colectivas distintas del patrón occidental considerado universal, como enemigas
de la libertad individual. No existe una verdadera tolerancia hacia el otro,
puesto que se intenta integrarlo y desarmar su otredad potencialmente peligrosa
y conflictiva, según la consigna: te tolero si aceptas ser liberal, capitalista
y democrático. El liberalismo suele contraponer los derechos individuales y
colectivos, el autor considera que deberías ser complementarios, sin
jerarquizarlos.
La globalización promueve la
diversidad sin diferencia.
En cuanto a las identidades, su
surgimiento se debe a que la globalización borra antiguas barreras y anula
discursivamente Estados-naciones, antiguos referentes identitarios, ataca la
comunidad, provocando reacciones defensivas (atrincheramiento, creación de
nuevas fronteras). Donde la comunidad logra sobrevivir el ataque de la
globalización se refuerzan identidades sólidas, enraizadas en su historia,
cultura política y económica que pueden constituir un desafío para el capital
en expansión. Sin embargo, donde la comunidad fue destruida, se crean más bien
identificaciones, “identidades líquidas” (Bauman), volátiles, superficiales, que
pretenden recuperar el sentimiento de pertenencia pero no lo logran, siendo más
bien individualistas. Éstas últimas son las predilectas del sistema.
El proceso etnofágico: desarmar
el potencial peligroso, radical de las identidades alternativas al capitalismo
globalizado, incorporarlas, volverlas superficiales. Critica del
multiculturalismo. Según el autor, la lucha contra el capitalismo globalizado
tiene que tomar en cuenta la defensa, recuperación y construcción de la
comunidad.
Observamos que en la realidad
latinoamericana puede ser el Estado esta comunidad por construir, capaz de
luchar contra el capitalismo globalizado, además de las resistencias locales.
Al mismo tiempo advertimos el peligro de una excesiva división, atomización
identitaria que suele ser promovida y aprovechada por el capital. El
neoliberalismo, promoviendo la descentralización estatal, penetraba más
fácilmente a la sociedad, al no tener al Estado como negociante. Para las
trasnacionales ir a negociar directamente con las comunidades puede ser más
rentable. Existe el peligro de apoderarse de recursos naturales controlados por
los indígenas a cambio de escuelas, hospitales, becas, etc. ¿Hay que poner
límites a las reivindicaciones territoriales y de autogobierno indígenas? ¿Cómo
equilibrar el derecho a autogobierno con el interés general? Necesidad de
construir un núcleo común (Tapia), donde el Estado será la plataforma de
negociación y resolución de conflictos entre lo particular/corporativo y lo
general. Hay que ver que los esencialismos identitarios/étnicos pueden ser
aprovechados por el capital y/o las oligarquías conservadoras (Santa Cruz y su
discurso identitario).
En cuanto al colonialismo
interno, González Casanova lo define como una dominación basada en la etnia y
una historia de conquista previa. Sin embargo, no podemos perder de vista que
junto con el aspecto étnico-cultural va la dominación económica de clase.
Olvidarnos del aspecto clasista y económico del colonialismo interno y apostar
sólo por su parte cultural sería un error. El autor indica que actualmente
estamos viviendo una nueva colonización por las empresas transnacionales que
sustituyen al estado como actor y ejecutivo del colonialismo. Nosotros
observamos que en América Latina siempre ha sido lo nacional-popular que
garantizaba la redistribución de ingreso y la integración de las clases
subalternas, a pesar de todos sus pecados y las objeciones justas que le
podamos hacer. ¿Por ahora no hay otro camino para la descolonización? ¿Estamos
condenados al nacionalismo populista?
En cuanto al texto de Silvia
Rivera, la autora se muestra muy crítica ante los logros de la Revolución
Nacional del 1952 en Bolivia y no la reconoce como un intento importante de la
descolonización. Apuntamos que la reforma agraria podría considerarse un hecho
descolonizador, puesto que rompió con el orden colonial de la gran propiedad y
la semi-esclavitud del indígena. Hay que recordar, sin embargo, que desde el punto de vista katarista-indianista que entiende el término de
“colonialismo interno” de manera diferente que podría entenderlo la sociedad
mestiza. En este caso se trata de todo tipo de dominación cultural-ideológica
occidental. En este sentido, la reforma agraria seguiría siendo una imposición
colonizadora, no de la Colonia, sino del pensamiento liberal ajeno a las
culturas indígenas andinas. Advertimos también que la misma autora recrea
varias categorías coloniales, optando por divisiones esencialistas entre indio,
mestizo, blanco (herencia colonial). De esta manera el colonialismo interno se
reflejaría también en las tendencias de ciertos sectores indígenas a resucitar
los pactos coloniales (República de Indios), separarse, despreciar el
mestizaje, etc.
Participantes del Seminario
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