Andrés Guerrero, “El proceso de
identificación: sentido común ciudadano, ventriloquía y transescritura” en: Etnicidades, Andrés Guerrero (comp.),
Quito, FLACSO, 2000. / Ciudadanía,
frontera étnica y compulsión binaria, Quito, FLACSO./ “Una imagen
ventrílocua: el discurso liberal de la ‘desgraciada raza indígena’ a fines del
siglo XIX” en: Imágenes e imaginarios,
Blanca Muratorio (ed.), Quito, FLASCO, 1994.
Observaciones:
Andrés Guerrero, aunque enfoca
sus trabajos de manera bastante localista en Ecuador y carece de una
elaboración teórica sistemática y coherente, nos brinda algunas pistas,
conceptos y propuestas analíticas valiosas que pueden aplicarse en contextos
latinoamericanos más amplios.
La frontera étnica – Guerrero
retoma la definición antropológica propuesta por Barth: límite cultural
que deslinda una identidad establecida y marca una distinción de sí mismo
(nosotros-los otros), y la resinifica en el contexto latinoamericano,
sustituyendo la neutralidad de la primera por la noción de discriminación,
desigualdad y dominación étnica y racial. Sería una suerte de artilugio
simbólico de dominación que en las relaciones de poder cotidianas produce y
reproduce a la vez al indio y al blanco-mestizo. Pertenece a un orden simbólico
preciso, históricamente construido con la formación del Estado-nación
latinoamericano y deriva de un proceso poscolonial (colonialismo interno). Es
la estructura elemental de dominación étnica que instaura una dicotomía
primaria que organiza y justifica las posiciones que ocupan los ciudadanos. Se
mueve con el individuo y lo acompaña a donde éste vaya. Si la ciudadanía
reproduce la frontera étnica entonces es una forma de dominación.
Lo ventrílocuo – significa
negarles a los individuos o grupos étnicos, raciales, subalternos, etc. su capacidad
y derecho de valerse, hablar y accionar por si mismos, por su supuesta
inferioridad, inmadurez e incapacidad. Es el discurso desde el poder el que
justifica ponerse como representantes de los “inválidos”, “pobres”,
“irredentos” (indios, negros, campesinos, mujeres, etc.) con argumentos de
saber mejor que les conviene, tomando en cuenta su “incapacidad mental”,
“infantilismo”, ignorancia, incapacidad de expresarse (analfabetismo),
pasividad, ingenuidad. El representante del indio tiene que ser por ende la
élite, si éste lo hace por su propia cuenta es acusado de ser manipulado por
intereses oscuros, ajenos. Se intenta deslegitimarlos por negarles conciencia
propia. Elementos de lo ventrílocuo los encontramos por ejemplo en los
planteamientos populistas o incluso leninistas, donde las clases populares
“necesitan” ser representados por la clase media (populismo) o por el partido
(leninismo).
Privatización de la dominación –
el Estado republicano relegó la administración de lo étnico a la hacienda,
localizando y privatizando la dominación. Al mismo tiempo, las leyes estatales
no eran abiertamente discriminatorias y reconocían la igualdad de todos los
ciudadanos Al abolir la hacienda, a falta del hacendado, el Estado se convierte
en destinatario de reclamos y quejas de la población indígena y campesina. El
neoliberalismo otra vez intenta descentralizar la responsabilidad y privatizar
la dominación.
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