miércoles, 6 de mayo de 2015

La frontera étnica y la ventriloquía– redefinición desde Ecuador



Andrés Guerrero, “El proceso de identificación: sentido común ciudadano, ventriloquía y transescritura” en: Etnicidades, Andrés Guerrero (comp.), Quito, FLACSO, 2000. / Ciudadanía, frontera étnica y compulsión binaria, Quito, FLACSO./ “Una imagen ventrílocua: el discurso liberal de la ‘desgraciada raza indígena’ a fines del siglo XIX” en: Imágenes e imaginarios, Blanca Muratorio (ed.), Quito, FLASCO, 1994.
 
Observaciones:
Andrés Guerrero, aunque enfoca sus trabajos de manera bastante localista en Ecuador y carece de una elaboración teórica sistemática y coherente, nos brinda algunas pistas, conceptos y propuestas analíticas valiosas que pueden aplicarse en contextos latinoamericanos más amplios.
La frontera étnica – Guerrero retoma la definición antropológica propuesta por Barth: límite cultural que deslinda una identidad establecida y marca una distinción de sí mismo (nosotros-los otros), y la resinifica en el contexto latinoamericano, sustituyendo la neutralidad de la primera por la noción de discriminación, desigualdad y dominación étnica y racial. Sería una suerte de artilugio simbólico de dominación que en las relaciones de poder cotidianas produce y reproduce a la vez al indio y al blanco-mestizo. Pertenece a un orden simbólico preciso, históricamente construido con la formación del Estado-nación latinoamericano y deriva de un proceso poscolonial (colonialismo interno). Es la estructura elemental de dominación étnica que instaura una dicotomía primaria que organiza y justifica las posiciones que ocupan los ciudadanos. Se mueve con el individuo y lo acompaña a donde éste vaya. Si la ciudadanía reproduce la frontera étnica entonces es una forma de dominación.
Lo ventrílocuo – significa negarles a los individuos o grupos étnicos, raciales, subalternos, etc. su capacidad y derecho de valerse, hablar y accionar por si mismos, por su supuesta inferioridad, inmadurez e incapacidad. Es el discurso desde el poder el que justifica ponerse como representantes de los “inválidos”, “pobres”, “irredentos” (indios, negros, campesinos, mujeres, etc.) con argumentos de saber mejor que les conviene, tomando en cuenta su “incapacidad mental”, “infantilismo”, ignorancia, incapacidad de expresarse (analfabetismo), pasividad, ingenuidad. El representante del indio tiene que ser por ende la élite, si éste lo hace por su propia cuenta es acusado de ser manipulado por intereses oscuros, ajenos. Se intenta deslegitimarlos por negarles conciencia propia. Elementos de lo ventrílocuo los encontramos por ejemplo en los planteamientos populistas o incluso leninistas, donde las clases populares “necesitan” ser representados por la clase media (populismo) o por el partido (leninismo).
Privatización de la dominación – el Estado republicano relegó la administración de lo étnico a la hacienda, localizando y privatizando la dominación. Al mismo tiempo, las leyes estatales no eran abiertamente discriminatorias y reconocían la igualdad de todos los ciudadanos Al abolir la hacienda, a falta del hacendado, el Estado se convierte en destinatario de reclamos y quejas de la población indígena y campesina. El neoliberalismo otra vez intenta descentralizar la responsabilidad y privatizar la dominación.

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