Dávalos, Pablo, La democracia disciplinaria. El proyecto posneoliberal para América Latina, Quito, CODEU, 2010.
Dávalos define el posneoliberalismo
como: relación entre los procesos de acumulación por desposesión que implica
despojo territorial, uso estratégico de la violencia desde el Estado y la
consiguiente criminalización social, con la reconstrucción del Estado liberal y
de la economía de mercado bajo las coordenadas de cambio institucional del neo-institucionalismo
económico y la “seguridad jurídica”.
El autor considera que el
posneoliberalismo es, en realidad, la continuación del neoliberalismo y no su
superación. Aunque en el neoliberalismo la política servía a la economía y en
el posneoliberalismo la economía sirve a la política (el gasto social que
mantiene el apoyo electoral). Habla de la puesta en valor de los territorios
por la vía del extractivismo minero, de las industrias de servicios
ambientales, transgénicos, agrocombustibles, ejes multimodales del transporte,
etc. Esta puesta en valor de los territorios implica violencia y
criminalización social.
El posneoliberalismo ecuatoriano en su
discurso, según Dávalos, es una mescolanza de lo liberal de la revolución
ciudadana con el socialismo del siglo XXI y el Buen vivir, excluyentes pero
útiles discursivamente para movilizar el electorado. El correismo en realidad no
es izquierda es una derecha vinculada con el extractivismo disfrazada de
izquierda (manipulación y propaganda). El autor destaca su carácter autoritario, personalista y
centralista de los gobiernos.
Reflexiones:
Apreciamos las críticas sobre la democracia restringida y el extractivismo en los gobiernos posneoliberales. Observamos que de hecho, estos gobiernos tienen un programa
de modernización capitalista y no mantienen ninguna relación con los
movimientos sociales que no sea clientelista. Se mantiene la vieja democracia
liberal con el predominio del partido caudillista, donde el poder está
concentrado en la persona del líder. Se da el fortalecimiento del Estado y su
mayor presencia en los procesos económicos y sociales, hay una nueva
institucionalización (reacción a un Estado débil), tenemos el gran poder de los
tecnócratas supuestamente sin ideología cuyo objetivo es la gobernabilidad y
estabilidad estatal (concepto del Banco Mundial). No sólo no se supera, sino
que incluso se profundiza el modelo extractivista de economía.
Criticamos, sin embargo, algunos de los
planteamientos del autor que pueden caracterizar en general algunas corrientes
de la crítica:
a) El
posneoliberalismo no es una simple continuación del neoliberalismo, aunque
puede presentar algunos rasgos que lo indican. Éstos se deben más bien al
capitalismo como tal y no al neoliberalismo. Los planteamientos de este tipo
son simplistas e impiden un análisis profundo de los nuevos gobiernos.
b) El
autor subestima las clases populares, sugiriendo que apoyan al nuevo régimen
porque fueron manipulados o comprados. Pensamos que este tipo de miradas, además
de discriminatorias y elitistas, imposibilitan ver los mecanismos reales que
guían el apoyo a los gobiernos posneoliberales.
c) Rechazamos
el concepto de “traición” que más que aclarar las cosas las tergiversa e impide
ver la estructura misma del sistema que aprisiona los procesos de cambio.
Reflexionamos que el problema del pensamiento crítico es la falta de
un esfuerzo teórico para la aplicación de las experiencias comunitarias a nivel
estatal y de estructura. Se sabe lo que no se quiere, pero escasean propuestas
concretas afirmativas. La pregunta es si se pueden cambiar
realmente las cosas a través de la democracia liberal. Mencionamos la violencia
legítima desde la sociedad para apoyar el proceso refundacional. La correlación de
fuerzas se puede transformar y no debería paralizar las ambiciones de cambio.
Miembros del Seminario

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